Noroña, quien antaño se vestía de libertario y revolucionario, ha devenido en un pequeño vasallo del autoritarismo parlamentario. A diferencia de presidentes como Calderón, Peña Nieto, Sheinbaum o incluso AMLO, quienes han lidiado —con mayor o menor gracia— con protestas públicas, memes, gritos o escraches, el senador ha decidido usar su investidura para sofocar la crítica con mecanismos impropios de una república democrática.
En la red social X (antes Twitter), Noroña ha bloqueado cuentas como La Derecha Diario y la mía propia, así como a una decena de ciudadanos más, por el mismo fenómeno de ego herido e inseguridad política. En lugar de debatir o simplemente ignorar, prefiere silenciar. Pero cuando un funcionario público utiliza plataformas digitales para comunicar su trabajo legislativo y, a la vez, cierra el acceso a quienes lo cuestionan, está vulnerando el principio de libertad de expresión y acceso a la información.














