Vivimos en tiempos en los que las guerras no solo se libran en campos de batalla o en el caos de las redes sociales, sino en el interior de cada ser humano.
La batalla espiritual no es una metáfora arcaica, ni un recurso retórico de los antiguos Padres de la Iglesia; es una realidad tangible, urgente y permanente que define el destino del alma y del mundo.
El pasaje más conocido sobre la guerra espiritual en la Biblia es Efesios 6:10-18. En el versículo 12, Pablo dice:
“Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, potestades y huestes espirituales de maldad” (Ef. 6,12).
Esta afirmación, demasiado incómoda para el pensamiento moderno, sigue vigente. Pablo asume claramente que estamos involucrados en una “lucha”. Sin embargo, este conflicto parece estar solo en el ámbito del mundo físico, es decir, personas y circunstancias. Pero menciona que “no es contra carne ni sangre”; es, en realidad, una batalla mucho más profunda.












