Flávio Bolsonaro anticipó que está dispuesto a disputar otra elección presidencial antes de 2030
El esquema avanza desde los dos extremos del continente hacia el centro. Al norte, Groenlandia y el control del Ártico. Al sur, el Corredor Andes-Atlántico, el primero que la Asociación del G7 para la Infraestructura y la Inversión Global impulsa en el hemisferio occidental, firmado con la Argentina en septiembre. En el medio quedó Brasil, por fuera de la arquitectura que se está construyendo a ambos lados.
Argentina, el faro de Occidente en la región
Resulta pertinente remarcar que la Argentina no llega a este escenario por casualidad ni oportunismo. El alineamiento se definió en diciembre de 2023 y se sostuvo durante tres años.
Así lo sostuvo Milei ante la Asamblea General, el 23 de septiembre: "También hicimos una elección geopolítica: nos alineamos sin ambigüedades con Occidente. Lo hicimos con los Estados Unidos y con Israel, países con los que compartimos una profunda afinidad de valores y una complementariedad estratégica".
El pasado 25 de octubre, Luiz Inácio Lula da Silva fue reelecto presidente de Brasil, consiguiendo el 51,79% de los votos en segunda vuelta, frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro. Lula comenzó así su cuarto mandato- segundo consecutivo-, y lo inauguró asegurando que Brasil "no aceptará ser el patio trasero de nadie".
Cabe remarcar que el resultado de las elecciones tiene una consecuencia que excede a Brasil. La mayor economía de Sudamérica permanece anclada a Pekín y no solo por comercio sino por decisión política: la membresía en los BRICS, la articulación con la Franja y la Ruta y la cooperación tecnológica y diplomática hacen del Estado brasilero un punto estratégico clave para el gigante asiático en la región.
En este escenario, resulta pertinente analizar el alineamiento brasileño con China, lo que ese resultado significa para la arquitectura hemisférica que impulsa Washington y por qué revaloriza la posición que la Argentina viene sosteniendo desde diciembre de 2023.
Lula da Silva y Xi Jinping.
Lula reelige: Brasil se queda en la órbita de Pekín
El vínculo entre Brasilia y Pekín dejó hace tiempo de ser una preferencia ideológica para convertirse en una dependencia estructural. Tal es así que, en el transcurso del año, alcanzaron el récord histórico de 143.000 millones de dólares en intercambio bilateral y la inversión china en el 2025 fue de 6.100 millones- repartidos en 52 proyectos-, representando un 45% más que el año anterior.
No se debe pasar por alto que Brasil nunca adhirió formalmente a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, y sin embargo opera dentro de ella. En 2024 ambos gobiernos firmaron una asociación estratégica para establecer "sinergias" entre la Franja y la Ruta y los programas brasileros: la Nueva Industria Brasil, el Programa de Aceleración del Crecimiento y las Rutas de Integración Sudamericana.
Además, tras los aranceles estadounidenses del 25%, Lula y Xi acordaron ampliar la cooperación en inteligencia artificial, satélites, procesamiento de minerales críticos y fertilizantes, y acelerar un acuerdo Mercosur-China.
Es importante comprender que China no compra solamente commodities sino que invierte en infraestructura, vehículos eléctricos, energías renovables y finanzas. De este modo, logra una penetración estructural cuya desvinculación posterior resulta sumamente compleja.
Comitiva brasileña y china.
La Doctrina Monroe y el precio de quedar afuera
El voto brasilero se dio en medio de una reactivación de la Doctrina Monroe en todo el hemisferio. En enero de este año, la operación estadounidense en Venezuela culminó con la captura de Nicolás Maduro, trasladado a Nueva York y acusado de narcoterrorismo ante el Distrito Sur.
"Nuestras acciones en Venezuela son prueba de que Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra el país echen raíces en ninguna parte del hemisferio occidental y, de ser necesario, utilizaremos nuestro inigualable poderío militar", sentenció el presidente Trump en ese entonces.
Asimismo, en septiembre, Estados Unidos anunció dos bases militares en Groenlandia, en el marco de un acuerdo firmado con Dinamarca. Así, en apenas diez meses, Washington reordenó dos extremos del hemisferio y la Doctrina Monroe volvió a ser lo que fue en su origen, un principio de exclusión de potencias extracontinentales aplicado con hechos concretos.
Mientras el continente se reordenaba en esa dirección, Brasil votó en sentido opuesto y el costo de esa divergencia se midió al día siguiente.
Lula da Silva.
La reacción en los mercados no tardó ni veinticuatro horas. El Bovespa se derrumbó 13,9%, la mayor caída diaria desde marzo de 2020, y el día posterior al triunfo de Lula, el EWZ cayó cerca del 20%. Por su lado la B3 debió suspender las operaciones al activarse el corte automático.
No obstante, el real se depreció más de 11%, borrando de un golpe toda la apreciación acumulada en 2026, denotando una gran desconfianza global hacia el alineamiento brasilero.
El evento electoral en Brasil no cambió la posición argentina, sino que la revalorizó. Este alineamiento de la gestión Milei se tradujo en hechos a lo largo del año, como el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproca en febrero y el Corredor Andes-Atlántico en septiembre.
Javier Milei y Donald Trump.
Detrás de esos acuerdos hay activos concretos: récord de 936.800 barriles diarios de petróleo en agosto, con Vaca Muerta aportando el 72%, y el 12% de las reservas mundiales de litio.
De este modo, como dijo el presidente, "Tenemos la energía que el mundo necesitará. Tenemos alimentos, tenemos minerales críticos, tenemos el Atlántico Sur y somos una puerta natural hacia la Antártida".
Ahora bien, entendiendo el contexto del escenario geopolítico global, sería un grave error leer esta relación como una concesión de una parte a la otra.
Washington respalda a la Argentina porque es el anclaje más sólido que puede encontrar en el sur del continente, y porque encuentra en nuestro país una afinidad de valores que ve desdibujarse entre sus aliados europeos.
La Argentina, además, obtiene capital, acceso al mayor mercado del mundo e integración a las cadenas de suministro occidentales. Por otra parte, el propio Milei definió ese rol apenas dos días antes de la elección brasilera, al sostener que "el continente americano tiene todo lo necesario para redimir a un Occidente extraviado y junto a los Estados Unidos en el norte, la Argentina puede ser su faro austral".
Javier Milei y Donald Trump.
Conclusión
La reelección de Lula no hizo más que dejar en evidencia lo acertado del camino que la Argentina eligió en 2023. Mientras Brasil profundiza su dependencia de una potencia extracontinental, la Argentina eligió integrarse a las cadenas de suministro de Occidente. Cada una de esas decisiones tiene consecuencias medibles, y una de las dos ya las mostró el lunes siguiente al balotaje.
Para nuestro país, el escenario abre una oportunidad concreta, ya que, al quedar Brasil por fuera de la arquitectura hemisférica, el valor estratégico argentino se multiplica sin que el país haya hecho nada nuevo. De esta manera, Washington pasó de tener alternativas de peso en Sudamérica a tener una sola, y eso se traduce en capacidad de negociación.
A la luz de este escenario, la Argentina tiene por delante la tarea de convertir una posición privilegiada en poder nacional. El continente se ordena desde sus extremos y el austral depende hoy de una sola pieza.
De Alaska a Tierra del Fuego, la arquitectura occidental del hemisferio encontró en la Argentina su anclaje en el sur, Esa es una oportunidad histórica que debemos aprovechar.