Esta semana la Corte Suprema desestimó una demanda que buscaba anular la derogación de la Ley de Tierras Rurales, ratificando la vigencia del DNU 70/2023 en esta materia. Por lo tanto, en este momento no existen límites reales a la compra de tierras privadas por parte de extranjeros.
Como era de esperarse, la oposición kirchnerista y sus aliados no tardaron en hacerse eco de la noticia, como siempre con algunos ingredientes extra. El verso es más o menos así: la Justicia, quizás con ayuda de Peter Thiel o algún magnate anónimo de la ultraderecha internacional, sobornó a los jueces para que Milei pueda llevar a cabo su plan de “entregar la tierra”. El país quedó abierto a que, por ejemplo, venga un extranjero y “compre una provincia”. Como siempre, el kirchnerismo elevando la vara de la discusión pública.
Sobra decir que esto es simplemente absurdo. De ninguna manera comprar un terreno privado, siendo argentino o extranjero, implica una transferencia de soberanía. Es como pensar que cualquier individuo tiene la facultad de fundar su propio estado por el mero hecho de ser propietario. Por las dudas aclaramos: la ley argentina rige en todo el territorio nacional, público o privado, aunque habría que ver cuántos en la coalición opositora no apoyan, por ejemplo, una verdadera entrega de la soberanía como el separatismo mapuche.
El debate sobre los límites a la propiedad extranjera
La cuestión de la compra de tierras por parte de extranjeros ya fue discutida dentro del proyecto de Ley de la Inviolabilidad de la Propiedad Privada. La iniciativa del Poder Ejecutivo en ese momento implicaba elevar el tope de 15% establecido por la Ley Nacional N° 26.737 a un 25%; es decir, el mismo que el de Brasil. Algo conservador teniendo en cuenta que la mayoría de los países desarrollados carece de restricción alguna exceptuando en algunos casos zonas de frontera o próximas a bases militares.
Lejos de escenarios catastróficos planteados por una oposición poseída por una xenofobia exorbitante (que considera toda interacción con el mundo exterior como un peligro existencial) el objetivo de flexibilizar el mercado de tierras tiene que ver lisa y llanamente con la atracción de inversión extranjera.
Sin embargo, a pesar de que los kirchneristas no son los seres más brillantes del universo, dudo que crean lo que dicen. Esto se trata ni más ni menos que de infundir pánico en la opinión pública y en los mercados para que, como en 2025, suba el riesgo país, caiga la demanda de dinero, y los inversores la piensen dos veces antes de poner un peso. En pocas palabras, arruinar el plan económico para perjudicar al gobierno de cara a las elecciones.
La disputa por la Ley de Tierras en verdad es desinformar
Porque el verdadero plan detrás de esta campaña de desinformación masiva es, con la “extranjerización de la tierra” como simple excusa, voltear la totalidad del DNU 70/2023. Una herramienta implementada en un momento de extrema urgencia, con un país al borde de la peor crisis de su historia.
Siguiendo su lógica de que cuanto peor, mejor, el kirchnerismo busca poner palos en la rueda a la recuperación nacional haciendo la mayor cantidad de daño posible.
En este caso, reviviendo leyes que hasta ahora permanecen derogadas, pero que podrían hacer su lamentable regreso para volver a complicarle la vida a la gente.
Por ejemplo, la infame Ley de Alquileres, que como toda medida comunista produjo el efecto opuesto al supuestamente deseado: queriendo regular los precios para ampliar la accesibilidad a la vivienda, terminó destrozando la oferta.
O la Ley de Góndolas, que pretende regular la disposición de productos en los supermercados, una medida digna de la Unión Soviética.
O la Ley de Abastecimiento, que por supuesto no puede producir otra cosa que escasez. Entre tantas otras barbaridades que nos recuerdan de dónde venimos, y lo afortunados que somos por tener un Presidente como Javier Milei.
Lo que tiene que quedarnos de todo esto es que al kirchnerismo no le interesa absolutamente nada más que volver al poder y seguir viviendo de los argentinos de bien. En ese contexto, no hay nada que no estén dispuestos a hacer, ni mentira que no estén dispuestos a contar. Mediante engaños, manipulaciones, desestabilizaciones y violencia buscarán, a toda costa, recuperar los privilegios perdidos.
Será así hasta las elecciones, pero también después, quizás durante décadas, hasta que de una vez por todas nos saquemos de encima el lastre del populismo y podamos tener el país que con tanto sacrificio estamos construyendo.