En 1979, el partido comunista iraní, Tudeh, respalda activamente la revolución islamista de Jomeini, convencido de poder capitalizarla una vez derrocado el Sah. Tolerado unos años por su valor de escaparate para el Occidente, el partido comunista es prohibido en febrero de 1983 y sus dirigentes son detenidos; buena parte de sus militantes figuran, según Amnistía Internacional, entre los miles de presos de izquierda ejecutados en el más absoluto secreto durante las purgas carcelarias del verano de 1988, uno de los episodios más oscuros y menos conocidos del siglo XX en Irán.
El aliado de circunstancias no sobrevivió a su utilidad. No es una anécdota iraní, una caso aislado, es un mecanismo recurrente, que el propio Lenin conocía y que Stalin utilizaba mucho para deshacerse de aquellos “amigos” que resultaban un poco demasiado molestos.
Para los progresistas y demás revolucionarios, si tus opiniones ya no les convienen, te tratan como a un enemigo que hay que eliminar, independientemente de la ayuda que hayas prestado en el pasado.










