“Después de mí, el diluvio” es una frase famosa en Francia, atribuida a Luis XV, o a Madame de Pompadour, que resumía la indiferencia fatalista de una corte que disfrutaba del presente sabiendo inevitable la catástrofe. Esta frase resume a la perfección el egoísmo imperante y la difícil situación que atraviesa actualmente el occidente europeo.
De las pensiones (en Francia y en otros países europeos), a la inmigración, hasta la historia económica o monetaria, el mismo mecanismo democratizado traslada la factura a quienes nada decidieron.
Luis XV fue, de hecho, el penúltimo rey de Francia antes de la Revolución Francesa de 1789 y del fin de la monarquía en 1792. Su nieto, Luis XVI, pagaría muy caro ese egoísmo ruinoso de su abuelo. La generación de la posguerra quería anteponer de forma sistemática la gratificación individual e inmediata a cualquier obligación hacia quienes vendrán después. Votaron por quienes les prometían más, por los progresistas que han endeudado a nuestros países para financiar sus políticas ruinosas, pero ahora no quieren pagar ni reformar un sistema que es una estafa, pero que les beneficia a ellos.
Las pensiones que nadie quiere refinanciar
Un ejemplo: el sistema francés de reparto que exige que cada generación activa financie a la generación jubilada.











