Mientras la Selección Argentina se prepara para defender el título en el Mundial 2026, la casa que debería cuidarla —la AFA— se desmorona en escándalos de corrupción. Este lunes 30 de marzo de 2026, el juez penal económico Diego Amarante procesó y embargó por 350 millones de pesos a Claudio "Chiqui" Tapia y a su mano derecha, Pablo Toviggino, por retención indebida de aportes por más de 19.000 millones de pesos entre 2024 y 2025.
No se trata de un error administrativo. El juez fue claro: Tapia, como presidente con representación legal, y Toviggino, con firma en todos los cheques y control de los fondos, omitieron deliberadamente depositar los tributos retenidos a los empleados. Tenían plata de sponsors, pero todo indica que fue para mejorar su economía personal.
El delito de apropiación indebida de tributos y recursos de la seguridad social está agravado por la estructura organizativa y la reiteración. La deuda se está "regularizando" ahora, pero el hecho ya ocurrió: retuvieron lo ajeno y lo usaron como caja propia.
Esto no es un hecho aislado. Es el resultado lógico de una conducción que llegó al poder con fuerte respaldo del kirchnerismo y que nunca dejó de actuar con esa lógica: caja, amigos, enriquecimiento personal y desprecio por las instituciones sanas.

Chiqui Tapia no es un dirigente neutral del fútbol. Viene del riñón peronista-kirchnerista. Su exsuegro Hugo Moyano, fue un pilar del kirchnerismo, y su ascenso en la AFA se consolidó en los años de Alberto Fernández. Pero el nexo más directo y actual es con Sergio Massa: Toviggino, el tesorero procesado hoy, tiene una relación estrechísima con el exministro y candidato presidencial de Unión por la Patria. Massa lo puso en la Secretaría General de la Cámara de Diputados y desde la AFA impulsaron juntos la campaña "No a las SAD" contra la libertad de los clubes y la posible llegada de capitales privados.
Tapia y su entorno fueron funcionales al massismo y al kirchnerismo en la defensa a ultranza del statu quo del fútbol argentino: clubes quebrados, dirigentes vitalicios y cero transparencia.
Y ese modelo ya dio sus frutos amargos: Tapia logró destruir el torneo local. La Liga Argentina se convirtió en un esperpento con 30 equipos, zonas, playoffs y un calendario inflado que nadie entiende y pocos quieren ver. Se eliminaron descensos reales, se multiplicaron los partidos intrascendentes y el nivel competitivo cayó en picada. El formato es un despropósito que prioriza la supervivencia de clubes amigos por sobre el espectáculo y la meritocracia.
Los arbitrajes manchados de escándalos, los favoritismos evidentes y la saturación del calendario son la norma. Mientras tanto, la Selección —el único activo que tubo éxito— también sufre las consecuencias de una AFA corrupta y enfocada en sus propios negocios.









