En un giro determinante para la historia económica reciente, la Argentina ha comenzado a quebrar el espinazo del flagelo inflacionario bajo la conducción firme del presidente Javier Milei. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró en abril una marca del 2,6%, lo que representa la primera desaceleración real tras diez extenuantes meses de tendencia alcista heredada del kirchnerismo.
Este triunfo de la libertad económica fue celebrado por el mandatario, quien sentenció: “Retornando a la normalidad. A pesar de los intentos golpistas de la política (y sus socios del círculo rojo) y el shock externo, la inflación retoma el sendero decreciente”.

La gestión del ministro de Economía, Luis Caputo, ha logrado lo que muchos consideraban imposible: situar la variación de precios en el nivel más bajo en cinco meses. Según el titular del Palacio de Hacienda, si se exceptúa el año 2020 por la distorsión de la pandemia, la suba general de precios en este mes de abril ha sido la menor de toda la serie histórica que se inició en 2017.
Este dato no es aislado, ya que la inflación núcleo se posicionó en un esperanzador 2,3%, el registro más bajo desde octubre del año pasado.
Al descender a los detalles técnicos que certifican este éxito, el Indec confirmó que la ralentización respecto al 3,4% de marzo es un hecho contundente. En términos interanuales, la cifra se ubica en el 32,4%, con un acumulado del 12,3% en lo que va del año, cifras que se encuentran estrictamente dentro de los rangos previstos por el equipo económico oficial.
Un aspecto fundamental para el bienestar social es la evolución de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), esencial para medir la indigencia, la cual registró una variación de apenas el 1,1% mensual, su marca más baja desde agosto del año pasado. Por su parte, la Canasta Básica Total (CBT) mostró un incremento del 2,5% mensual, consolidando una protección real sobre el poder adquisitivo frente a la escalada que el país venía sufriendo.









