El acuerdo había permanecido bloqueado durante años por problemas de pago del régimen venezolano, lo que dejó equipos sin utilizar en Mendoza.
La situación se destrabó tras una autorización de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), lo que permitió reactivar el vínculo contractual mediante una adenda a acuerdos previos inconclusos.
Si bien el aporte inicial de 2.640 MW representa una porción menor de la capacidad instalada total de Venezuela, el proyecto es considerado un primer paso en la reconstrucción del sistema eléctrico del país, fuertemente deteriorado tras años de falta de inversión.
Además, el acuerdo se produce en un contexto de apertura del sector energético venezolano, luego de que la Asamblea Nacional aprobara una reforma legal para permitir la participación privada en la generación, distribución y comercialización de energía mediante concesiones.
De esta manera, IMPSA, ahora bajo control privado tras la primera privatización del Gobierno de Milei, busca consolidar su regreso a proyectos internacionales de gran escala, en un mercado energético que intenta reactivarse tras años de crisis estructural.