El asesinato de Agustín Rivero, un estudiante de 21 años, volvió a exponer con crudeza la crisis de inseguridad en el conurbano bonaerense. El joven fue asesinado en el barrio San José de Temperley cuando regresaba de la facultad, en un hecho que generó conmoción y reavivó el reclamo de los vecinos por mayor presencia policial.
Rivero vivía con sus padres y su hermana menor, estudiaba despachante de aduana y también administración de empresas en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Tenía exámenes por delante y una rutina marcada por el estudio y la vida familiar. Como tantos otros jóvenes, su día terminaba con el regreso a casa.













