Axel Kicillof llega a la provincia que más rechaza al kirchnerismo en la Argentina para intentar reanimar el tren fantasma de su espacio político totalmente derrotado. El referente del kirchnerismo más duro actúa como persona no grata en un distrito que forjó su identidad mediante el trabajo y el mérito. Su presencia representa una provocación directa contra los ciudadanos que enterraron sus recetas económicas en las últimas elecciones.
La agenda de Kicillof incluye un pacto con el intendente de Cosquín, Raúl Cardinali, para financiar circuitos artísticos con dinero de los vecinos. El mandatario de Punilla exhibe una doble vara institucional al abrirle las puertas a un gobernador ajeno tras negarse a recibir a Javier Milei. Esta alianza entre restos del naufragio k busca utilizar festivales populares para oxigenar una gestión que fracasó en todas las provincias argentinas.











