La profunda crisis de inseguridad que azota al territorio bonaerense no es un hecho aislado, sino el resultado directo de la gestión kirchnerista que ha desmantelado el principio de orden y ha dejado desamparados a quienes deben defender la ley. Bajo el nefasto gobierno de Axel Kicillof, las calles del conurbano se han transformado en tierra de nadie. Este alarmante escenario de anarquía civil se materializó el pasado viernes alrededor de las 16:30 horas en el postergado barrio de Villa Tranquila, en el partido de Avellaneda.
En una muestra ineludible de la audacia con la que operan los violentos en el feudo oficialista, la salvaje agresión armada se desató sobre la calle Estévez al 800, a escasas ocho cuadras de la vivienda del propio ministro de Seguridad de la provincia, Javier Alonso.
La chispa que desató la barbarie vecinal comenzó con un simple y rutinario control de orden urbano: una sargento policial que patrullaba la avenida Centro identificó un vehículo mal estacionado cuyo infractor se negó rotundamente a remover. Ante el desacato, la agente se comunicó telefónicamente con el área de Cuidadores Ciudadanos para solicitar una grúa municipal de acarreo.












