La medida se fundamenta en informes de inteligencia que advierten que las pandillas controlan actualmente alrededor del 90% de la capital haitiana, una situación que ha llevado a calificarlas como una “amenaza terrorista” por su capacidad de operar como grupos armados organizados.
La FAA explicó que las bandas han logrado acceder a fusiles de alto calibre e incluso a drones, equipos con los que podrían atacar aeronaves en aproximación o despegue desde el Aeropuerto Internacional Toussaint Louverture.
Decisión de EE.UU. aísla más a Haití
El nivel de inseguridad, sumado a la falta de control estatal sobre las zonas aledañas al aeropuerto, hace que los vuelos comerciales sean considerados inviables en el corto y mediano plazo.
La prolongación de la prohibición de vuelos afecta directamente a millas de haitianos en la diáspora, que mantienen vínculos con familiares en Puerto Príncipe y dependían de las rutas aéreas para su movilidad.
También golpea al comercio y la cooperación humanitaria, que ahora dependen exclusivamente de corredores marítimos o vuelos autorizados militares bajo estrictas medidas de seguridad.
Analistas sostienen que la decisión de Washington envía un mensaje contundente: la crisis de seguridad haitiana no solo constituye una tragedia humanitaria, sino un factor de riesgo regional con repercusiones en la aviación y la estabilidad del Caribe.
La medida añade presión al Consejo de Seguridad de la ONU ya la misión multinacional liderada por Kenia, que intenta contener la violencia en Haití.
Con el capital prácticamente bajo el control de las pandillas, el desafío va más allá del restablecimiento del orden público y se extiende a la protección de infraestructuras estratégicas, como aeropuertos y puertos.