Arqueólogos hallaron un complejo de cinco acres con 21 hornos y decenas de pozos de arcilla, ocupado entre el siglo I a.C. y el III d.C. junto a una importante vía romana.
Un equipo de arqueólogos dirigidos por Louis Florin, del Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas de Francia, encontró un taller de cerámica romana completo y organizado en forma de grilla en la región de Hauts-de-France. El hallazgo, reportado por La Brújula Verde, revela un espacio de producción a gran escala que funcionó durante varios siglos.
El sitio ocupa unas cinco acres y estuvo habitado entre el siglo I antes de Cristo y el siglo III después de Cristo. Allí se identificaron alrededor de cincuenta pozos de extracción de arcilla, zonas destinadas a preparar el material y a modelar las vasijas con tornos, además de veintiún hornos para cocer la cerámica.
La ubicación del taller no fue casual. Se encontraba sobre la Vía Agrippa, una de las rutas romanas que facilitaban el transporte de las piezas terminadas hacia otros puntos del territorio. Esta red vial permitía que la producción local circulara con mayor facilidad.
Además de las instalaciones productivas, los investigadores recuperaron hogares, hornos menores, pozos de agua, restos de comida y tinajas de almacenamiento. Estos elementos muestran que los alfareros vivían en el mismo lugar donde trabajaban, formando una comunidad estable alrededor de la actividad cerámica.
Un complejo productivo bien planificado
La disposición en grilla del taller indica una organización cuidadosa del espacio. Las distintas áreas estaban claramente separadas: extracción de materia prima, preparación de la pasta, modelado y cocción. Esta división del trabajo sugiere un nivel de especialización propio de los centros productivos romanos más importantes.
Los pozos de arcilla, distribuidos por el predio, alimentaban de manera constante el proceso. Una vez extraído el material, se lo preparaba en sectores específicos antes de pasar a los tornos. Los veintiún hornos permitían cocer grandes volúmenes de piezas de forma simultánea o escalonada.
La presencia de restos de alimentos y de recipientes de almacenamiento confirma que el lugar no era solo un espacio de trabajo temporal. Los artesanos residían allí de manera permanente o por largos períodos, lo que refuerza la idea de un asentamiento productivo consolidado.
Este tipo de hallazgos ayuda a comprender mejor cómo funcionaba la economía local en la Galia romana. La cerámica no solo servía para uso doméstico: también formaba parte de redes de intercambio más amplias, impulsadas por las calzadas construidas por los romanos.
Contexto y continuidad temporal
El período de ocupación del sitio, que abarca desde finales de la República hasta el Alto Imperio, muestra una continuidad notable. A lo largo de esos siglos el taller se mantuvo activo, adaptándose probablemente a cambios en la demanda y en las técnicas de producción.
La Vía Agrippa desempeñó un rol clave. Al conectar el taller con otros centros urbanos y comerciales, garantizaba la salida de las piezas y el acceso a materias primas o herramientas que no se fabricaban en el lugar. Esta integración vial era fundamental para la viabilidad económica de talleres de esta envergadura.
Los restos materiales dejados por los alfareros —desde los pozos hasta los desechos cotidianos— ofrecen una imagen cercana de la vida diaria en un centro de producción romana. No se trata solo de objetos acabados, sino del entorno completo en el que se elaboraban.