En el norte de Israel, cerca de Haifa, un equipo de investigadores exploró una cueva que guarda secretos de hace unos 300.000 años. Se trata de la Cueva Fureidis, donde aparecieron herramientas de pedernal como raspadores y bifaces, junto con restos óseos de ciervos dama, gacelas y caballos antiguos.
Las evidencias apuntan a un uso controlado del fuego en ese período remoto. Este hallazgo pertenece a la cultura Acheulo-Yabrudiana, que habitó la zona antes de la llegada de los neandertales y los humanos modernos.
El sitio se conserva en muy buen estado, lo que permite estudiar con detalle cómo vivían estos grupos humanos tempranos. Lugares de edad similar ya se conocían en la Cueva Qesem, en el centro del país, y en la Cueva Tabun, también en el norte.
Los expertos esperan que este nuevo yacimiento aporte datos frescos sobre la movilidad de estas poblaciones, sus estrategias de caza y las posibles interacciones sociales entre ellos.

Importancia del hallazgo para la prehistoria
El descubrimiento en Fureidis ofrece una ventana única a un momento clave de la evolución humana en la región. Las herramientas de piedra encontradas muestran técnicas de talla características de esa cultura antigua, que combinaba elementos de diferentes tradiciones tecnológicas.
Los restos de animales indican que los ocupantes de la cueva se dedicaban a la caza de especies locales. Ciervos dama, gacelas y caballos antiguos formaban parte de su dieta, lo que habla de un entorno rico en recursos durante ese período.
La presencia de fuego controlado es especialmente relevante. Sugiere que estos grupos ya dominaban técnicas para mantener y usar el fuego de manera intencional, un avance fundamental para la supervivencia y el desarrollo cultural.
Estudiar un sitio intacto como este permite a los arqueólogos reconstruir patrones de ocupación y uso del espacio. Cada artefacto y resto orgánico puede revelar detalles sobre la vida cotidiana de hace cientos de miles de años.
Comparación con otros yacimientos regionales
La Cueva Fureidis se suma a un grupo de sitios importantes en Israel que iluminan el Paleolítico inferior y medio. Su ubicación en el norte complementa los hallazgos de Qesem y Tabun, permitiendo una visión más completa de cómo se distribuían estos grupos humanos por el territorio.
Los investigadores destacan que este tipo de contextos preservados son raros y valiosos. Ayudan a entender mejor las dinámicas de movilidad: cómo se movían entre diferentes lugares según las estaciones o la disponibilidad de recursos.
Además, el análisis de las estrategias de caza podría mostrar si existían formas de cooperación o división de tareas dentro de los grupos. Estas interacciones sociales son clave para comprender la complejidad de las sociedades prehistóricas.
El trabajo conjunto entre la Autoridad de Antigüedades de Israel y la Universidad de Haifa garantiza un abordaje interdisciplinario. Combinan excavación cuidadosa con estudios de laboratorio para extraer la máxima información posible de los materiales recuperados.