La mirada de su hija como punto de inflexión
Uno de los factores determinantes para la separación fue la presencia de su hija. Attias contó que la nena era testigo permanente de la dinámica entre sus padres y que eso la obligó a reflexionar sobre el ejemplo que le estaba dando. No se trató de quedarse por ella, sino todo lo contrario.
“Tenía una hija que nos estaba mirando. Para mí, mi hija fue al revés, no fue ‘no me separo por ella’. Ella estaba viendo esa dinámica de padres distantes, enojados todo el tiempo”, expresó la actriz. La situación la llevó a pensar qué imagen del amor le estaba transmitiendo.
Attias remarcó que no quería que su hija creciera creyendo que una relación se basa en peleas y distanciamiento. Explicó que ambos seguían eligiendo quedarse a pesar de que el vínculo ya no era armónico, y que eso podía generar una carga innecesaria en la nena. “Dije: yo no puedo mostrarle que esto es el amor. Peleándonos, tal vez hay pases de facturas. Una relación que no era armónica y que los dos estábamos eligiendo igual quedarnos. Imaginate si llega a pensar que nos quedamos por ella, la carga que es”, concluyó.
La confesión de Emilia Attias deja en evidencia cómo el desgaste cotidiano y la mirada de una hija pueden convertirse en el empujón definitivo para cerrar un ciclo. La decisión no fue fácil, pero priorizó el ejemplo que quería darle a su hija por encima de mantener una relación que ya no funcionaba.