Más de cinco mil años después de su muerte, Ötzi el Hombre de Hielo sigue albergando una mezcla notable de microorganismos antiguos y modernos. Un equipo de investigación logró distinguir cuáles de esos seres vivos formaban parte de su cuerpo en vida y cuáles se instalaron después, ya sea en el glaciar o durante las décadas de conservación actual.
Los análisis incluyeron hielo de la superficie de la momia, agua de deshielo del interior, hisopados y material de tejidos intestinales y del estómago. También se estudió una muestra de suelo del sitio del hallazgo, guardada congelada desde 1991. En esos restos aparecieron rastros genéticos de la flora intestinal original de Ötzi.
Esa comunidad microbiana se parece a las pocas conocidas de poblaciones humanas tempranas. Muchas de esas bacterias son raras en personas de sociedades industrializadas de hoy. Por eso la momia ofrece una ventana poco común a los microorganismos que habitaban el cuerpo humano hace milenios.














