Una investigación de la Universidad de East Anglia plantea una mirada renovada sobre los sucesos de 1066. Según el trabajo del historiador Tom Licence, un fragmento olvidado de una carta papal extraviada, conservado en los archivos del Vaticano, indica que Inglaterra pudo haber respaldado al bando equivocado en una dura disputa religiosa. Esa decisión habría brindado al papa Alejandro II un argumento político para apoyar la invasión de Guillermo de Normandía.
El hallazgo se publica en el libro Harold: Warrior King, editado por Yale University Press. Licence sostiene que el desenlace de la conquista normanda no se resolvió únicamente en el campo de batalla de Hastings. También influyeron intrigas y alineamientos ocurridos casi mil kilómetros más lejos, en Roma.
Durante la década de 1060, la cristiandad occidental estaba dividida. Dos papas rivales se disputaban la autoridad: Alejandro II y el obispo Cadalo de Parma, conocido como Honorio II. Este último contaba con el respaldo del Sacro Imperio Romano Germánico y de sectores del norte de Europa. Inglaterra, según la interpretación del investigador, se habría inclinado hacia el bando de Honorio.
Esa elección habría tenido consecuencias graves. Licence explica que la política papal de Harold pudo haber jugado a favor de sus enemigos y otorgado a la invasión de Guillermo la legitimidad de una guerra justa.

El testimonio de una carta perdida
El registro completo de las cartas de Alejandro II se perdió. Sin embargo, se conservan dos extractos de esta misiva en colecciones de rescriptos papales. La carta fue escrita después de que Guillermo ocupara el trono inglés. En ella, el pontífice reflexiona sobre la relación de Inglaterra con el papado antes de la conquista.
Un pasaje afirma que el país había estado protegido por San Pedro hasta que personas “inflamadas por el orgullo de su padre Satanás” desviaron a los ingleses del “camino de la verdad”. Historiadores anteriores habían notado estas frases sin poder explicarlas del todo. Licence sostiene que solo cobran sentido dentro del conflicto que enfrentó a los dos papas a comienzos de la década de 1060.
El lenguaje de la carta coincide con el que los partidarios de Alejandro usaban contra Honorio y sus seguidores. En esa lectura, el papa no se limitaba a criticar a Harold por un supuesto juramento incumplido. Veía a Inglaterra como un reino que había abandonado su facción y se había alineado con el rival.
Para los seguidores de Alejandro, ya no se trataba solo de una disputa por una corona, sino de una lucha contra quienes consideraban partidarios de Satanás. Licence ubica el cambio de alineamiento inglés después de que Harold asumiera el trono en enero de 1066.
Más que una crisis dinástica
Tradicionalmente se explicó el apoyo papal a Guillermo por la disputada legitimidad de Harold y las acusaciones de perjurio. La nueva evidencia sugiere que Alejandro II también tenía motivos políticos propios. Si Harold había acercado a Inglaterra a los rivales del pontífice, se entiende mejor por qué este aceptó respaldar el derrocamiento de un rey coronado.
Desde Roma, la conquista no era únicamente un problema de sucesión. Formaba parte de una lucha más amplia por el futuro de la Iglesia en Europa. El profesor David Fergusson, de la Universidad de Cambridge, destaca que el trabajo de Licence ofrece una perspectiva fresca sobre las corrientes políticas que rodearon los hechos de 1066 y sobre la compleja relación entre Iglesia y monarquía.
El profesor Rory Naismith, también de Cambridge, subraya que la conquista normanda no involucró solo a ingleses y normandos. Estuvo ligada a desarrollos en toda Europa. Roma, en particular, había sido central para la identidad religiosa inglesa. Recuperar esa dimensión romana de 1066 constituye, según Naismith, un aporte significativo.
La investigación llega en un momento en que el Museo Británico se prepara para exhibir el Tapiz de Bayeux, uno de los testimonios visuales más conocidos de la conquista. El estudio de Licence recuerda que detrás de las batallas y las sucesiones dinásticas también operaban intrigas papales capaces de inclinar el destino de un reino.