Constanza Barbera y Daniel Alfie relataron el largo camino hasta la cirugía de su hijo. El cirujano Jorge Barretta explicó cómo la impresión tridimensional fue clave para planificar la operación en el Hospital Italiano.
Un modelo tridimensional del corazón de un niño pequeño se transformó en la herramienta decisiva para que los médicos pudieran planificar con precisión una cirugía de alta complejidad. La réplica permitió conocer la anatomía exacta del órgano y la ubicación de un tumor antes de entrar al quirófano.
Constanza Barbera y Daniel Alfie recibieron el diagnóstico cuando su hijo tenía entre seis y siete meses. Durante un ecocardiograma, la especialista les señaló una imagen y les dijo: “Este es el tumor de tu bebé”. El hallazgo cambió por completo la rutina de la familia.
La sospecha había aparecido en las últimas semanas del embarazo. Un ecografista les comentó que creía haber visto una pared engrosada, aunque después no pudo confirmarla. El nene nació sin complicaciones y nunca presentó síntomas. “Él nunca tuvo síntomas de ningún tipo”, subrayó su madre.
Daniel insistió con nuevas consultas hasta conseguir turno con un cardiólogo. El electrocardiograma no mostró alteraciones, pero el eco reveló la formación. “Pasamos de tener los problemas típicos de mi bebé de seis, siete meses que no duerme a que se te cruza todo por la cabeza”, recordó Barbera.
Del diagnóstico al Hospital Italiano
El diagnóstico presuntivo fue un fibroma cardíaco. El doctor Jorge Barretta, jefe del Servicio de Cirugía Cardíaca Pediátrica del Hospital Italiano, explicó que el 95% de los tumores cardíacos en pediatría son benignos. Sin embargo, advirtió que por su comportamiento pueden generar un desenlace grave.
Antes de llegar al Italiano, el niño recibió medicación ante la posibilidad de que se tratara de un rabdomioma. Ese tratamiento lo obligó a dejar la guardería y tener niñera permanente por la inmunosupresión. Una consulta con un especialista en España y la orientación de la cardióloga Natalia Napoli terminaron de llevar a la familia al mismo centro. “Todos los caminos llevaban a Roma”, resumió Alfie.
La decisión de operar estuvo marcada por el riesgo de intervenir y el riesgo de esperar. Tras casi dos años y medio de estudios, la cirugía se presentó como el único camino posible. Barbera confesó la angustia de tomar una decisión sin ser médicos: “Esto me queda gigante, porque si fuera sobre mi vida, no me importa”.
La impresión en tres dimensiones reprodujo el corazón del paciente y mostró el volumen y la posición de la masa. “Lo que están viendo en color verde es la tumoración”, describió Barretta. El modelo también expuso la íntima relación del fibroma con las arterias coronarias y el desplazamiento de la válvula mitral.
La operación y el resultado
El interrogante central era si se podía resecar el tumor por completo sin dañar las coronarias ni la válvula mitral. La incidencia de estos tumores es extremadamente baja: 0,0017% cada millón de habitantes. Barretta reconoció que nadie en el mundo tiene números precisos sobre los resultados en casos tan infrecuentes.
Un corazón impreso en 3D le ganó a un tumor en un niño
La cirugía demandó unas ocho horas. El equipo había preparado alternativas, entre ellas el uso de ECMO, un sistema de soporte mecánico que podía actuar como puente hacia la recuperación o, en el peor escenario, hacia un trasplante. “Si el corazón no lo soportara, ahí vienen las máquinas”, explicó el cirujano.
La intervención logró retirar el tumor sin lesionar las estructuras vitales. Cuando terminó la operación, la familia recibió la noticia que esperaba: el corazón latía por sus propios medios. Barbera recordó que no paraba de preguntar por la máquina hasta que le confirmaron que ya no era necesaria.
Barretta sostuvo que no había operado ningún tumor con estas características de la misma manera. “La cirugía abre puertas”, afirmó. Hoy el nene volvió al jardín y lleva una vida normal, aunque continúa con un antiarrítmico y un anticoagulante. “Por suerte llegamos a tiempo”, concluyó su padre.