La NASA advirtió sobre la intensa actividad de tormentas tropicales que atraviesa el océano Pacífico Noroccidental, una región que desde abril de 2026 registra la formación de numerosos ciclones de gran magnitud. La situación despertó preocupación entre los meteorólogos debido a la fuerza de algunos de estos fenómenos y su capacidad para afectar territorios alejados de las zonas donde se originaron.
Según informó la agencia espacial estadounidense, la temporada comenzó con el supertifón Sinlaku, que impactó en Micronesia, Guam y las Islas Marianas del Norte. Desde entonces, se desarrollaron otras 25 tormentas con nombre y la actividad se mantuvo elevada hasta finales de octubre.
Uno de los fenómenos más destacados fue el supertifón In-fa, que se desplazó cerca de las Islas Marianas y alcanzó una intensidad excepcional. El 29 de octubre, la cámara EPIC, instalada en el satélite DSCOVR, captó una imagen de la tormenta mientras avanzaba por el Pacífico.

Un día después, el instrumento MODIS del satélite Terra de la NASA obtuvo nuevas imágenes que permitieron observar su estructura casi circular y un ojo de grandes dimensiones.
Al mismo tiempo, los restos del tifón Champi se aproximaban a Alaska, donde se integraron a un sistema de tormentas que atravesaba el mar de Bering. Ambos fenómenos reflejan la complejidad de una temporada que, según los especialistas, presenta características particularmente activas.
Por qué el supertifón In-fa llamó la atención de los científicos de la NASA
Una de las características más llamativas de In-fa fue su estructura, que los meteorólogos identificaron como similar a la de una tormenta anular, un tipo poco frecuente de ciclón tropical.
A diferencia de los tifones convencionales, que suelen presentar extensas bandas de lluvia en espiral, estas tormentas tienen una forma más compacta y circular, con un ojo amplio y una distribución relativamente uniforme de las nubes que lo rodean.
Por su apariencia, los especialistas suelen compararlas con una rosquilla o un neumático.
De acuerdo con los estudios citados por la NASA, las tormentas anulares representan aproximadamente el 4% de los ciclones tropicales del Pacífico Noroccidental.

Además, sus ojos suelen alcanzar un diámetro promedio cercano a los 45 kilómetros, mientras que en los ciclones tropicales convencionales esa medida ronda los 25 kilómetros.
Otra particularidad es que pueden conservar su intensidad durante más tiempo, incluso cuando las condiciones atmosféricas dejan de ser favorables para su desarrollo.










