Mujica, el agricultor. Hace unos pocos días asumió el nuevo gobierno en nuestro país. Volvió la izquierda, aunque para un pequeño puñado de orientales creemos que, en realidad, la izquierda nunca se fue. En ese sentido, la desazón y la tristeza quedan para aquellos convencidos de que la coalición representó una alternativa al Frente Amplio, mientras que, para los liberales, el primero de marzo simplemente representó un cambio de collar en el mismo perro.
El movimiento que va a representar a nuestro país los próximos 5 años es una mezcla de tupamaros, comunistas y socialdemócratas, donde ya no existe figura referente. Vázquez y Astori ya no están, y Mujica ha dejado la política partidaria por temas de salud. El frente amplio, en términos de referentes, quedó acéfalo, y este texto trata sobre su figura y el legado que yo entiendo dejó en nuestro país.
Mujica ha estado dando alguna nota o alguna aparición pública esporádica en los últimos años, pero dejó oficialmente la actividad como senador electo junto con Sanguinetti en octubre 2020. En aquel día, la casta política, periodistas y figuras públicas se regocijaron con el hecho de que estas dos figuras eligieron el mismo día para su retirada, como si eso fuese de alguna forma una "oda a la democracia" considerado como un gesto "ejemplar" para el mundo. Al menos ellos lo parecían interpretarlo de esa forma.

Con respecto a Julio María Sanguinetti, tengo muchas críticas hacia su perfil político ideológico, estadista de todas las horas, concepto que el dibuja como “reformista”. Más allá de esto, no dudo un segundo en reconocerle mis respetos por varios puntos que no vienen al caso en esta columna, siendo el más importante su papel central en la vuelta a la democracia. Eso me hace pensar varias veces antes de escribir sobre él.
En ese día, en su oratoria final, Sanguinetti optó por un poema con un mensaje de reconciliación entre rivales ideológicos, típico de un estadista que, apuesta por una convivencia pacífica entre el colectivismo y el liberalismo, algo que sólo conduce al fracaso. Pese a esto, al final mencionó que "en estos tiempos el ciudadano se siente cada vez más representado por sí mismo". Y hoy podemos contestar: Sí, Julio, por suerte es así, y ojalá que cada vez seamos más.
Por su parte, en aquel octubre 2020, José Mujica también dio un mensaje final en su despedida del palacio de la democracia. Y dado el contexto y el protagonista, yo hubiese esperado su clásico mensaje profundo y filosófico, o que nos ilumine con uno de sus consejos moralista para el mundo, siempre en el tono que nos tenía acostumbrados, como aquel discurso que dio en la ONU y que fue retwiteado por artistas de izquierda de varios países.
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Sin embargo, para mi sorpresa, su mensaje central y mayormente citado por los medios fue un mensaje autorreferencial: "En mi jardín hace décadas que no cultivo el odio. Aprendí una dura lección que me puso la vida. El odio termina estupidizando". Este mensaje me sorprendió bastante, eligió un mensaje que casi pareciera como si estuviera justificándose o “atajandose”, como si alguien lo hubiera acusado de algo.










