Sus discursos, si bien no llegaron a un extremo estatista, viraron hacia la necesidad de un Estado fuerte para garantizar esas libertades individuales, con frases que quedarán en la historia como que "el Estado hace precito" (4).
Este corrimiento al centro extremo, del cual Lacalle Pou se enorgullece, llevó a la crítica enfurecida del libertarianismo mileista y a catalogar al mandatario uruguayo como "tibio", "zurdito" o "zurdopata" al decir de Federico Leicht (5) , y a ganarse algún aplauso kirchnerista por contraponer a Milei en su discurso, algún comentario halagador con ironía de algún frentista "al fin se da cuenta" y todo el aplauso máximo multicolor uruguayo y coreano-centrista argentino anti-Milei.
El rédito es más bien personal; poco queda de esto positivo en posiciones centristas, que terminan validando en los hechos a las posiciones más de izquierda.
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Reformas Específicas: Mientras Milei ha implementado medidas a través de decretos de necesidad y urgencia (DNU) y un ambicioso proyecto de ley ómnibus para reformar el Estado argentino, las reformas de Lacalle Pou han sido más centradas en consolidar estabilidad económica y social sin tanto énfasis en la reducción del Estado, sino en su eficiencia y la cohesión social.
En resumen, las reformas de Milei buscan una transformación profunda y rápida del Estado hacia un modelo más liberal, mientras que Lacalle Pou se enfoca en un equilibrio entre liberalismo económico y la necesidad de un Estado activo en áreas clave para la sociedad uruguaya.