El absurdo y el ridículo parecen no tener fin en la agenda de nuestro país. Confieso que tuve que chequear la nota porque no podía creer lo que estaba leyendo: El senador Gustavo González busca prohibir el "ambiente único", los monoambientes, porque considera que el modelo actual prioriza la rentabilidad sobre el derecho a una vivienda decorosa.
Manifestó el senador, que su iniciativa apunta a recuperar los estándares de la Ley Nacional de Vivienda de 1968, que fue modificada para favorecer el desarrollo de unidades de apenas 25 metros cuadrados. Según González, el modelo actual responde a una lógica mercantil que prioriza la rentabilidad por encima del derecho a la vivienda. Su proyecto entonces, exigiría ahora un mínimo de 35 metros cuadrados para cualquier unidad habitacional básica, así como que toda unidad cuente con al menos un dormitorio separado del resto de la casa.
Mas soviético imposible
Entre este disparate y el de que “las personas de la calle tienen derecho a estar ahí” de la acomodada Goyeneche, no podemos menos que, hacer un alto y ponernos a pensar un poco, algo a lo que esta gente se ve no está acostumbrada. No se trata de tener corazón, se trata de tener cerebro.
¿Por qué se construyen monoambientes?
Por una necesidad de la gente, es decir del mercado, de cada uno de nosotros. En un país en el que el metro cuadrado de construcción tradicional es de los más caros del continente, la gente explora alternativas con lo que puede. El problema de que construir en blanco, sea prácticamente prohibitivo en nuestro país, no es culpa de quienes construyen monoambientes, sino de quienes, con sus regulaciones, han generado el problema.
Esta suerte de planificación central constructiva que propone el senador, es precisamente el veneno que ha generado el problema y su intervención, lo único que hace es agravarlo.

El problema de la falta de vivienda, no se arregla con regulaciones, con planes gubernamentales, subsidios, ni cosas gratis. Se soluciona generando más oferta. Para que haya más oferta, deben generarse incentivos para la construcción, pero lamentablemente los incentivos de hoy, llevan a volar por debajo del radar (construyendo en negro) o bien directamente, a no construir.
Políticos y legisladores como el senador de la propuesta, SON EL PROBLEMA, NO LA SOLUCIÓN. Como su profesión es la de cazar votos, siempre están pensando de qué manera justificar su cargo, partiendo del error de que un buen legislador es el que presenta muchos proyectos de ley. No se trata de trabajar mucho, sino de trabajar bien.
En ese afán de presentar cualquier cosa, se sigue alimentando al ogro filantrópico, y se sigue atentando contra los derechos básicos del ser humano: la libertad y la propiedad.
No existe tal cosa como “un derecho a la vivienda”. ¿Qué significa ello? Que el supuesto derecho que yo tengo, me lo pague otro. Eso no es un derecho, es un privilegio, por más que está consagrado en la constitución. Con ese criterio entonces, deberíamos poner impuestos a absolutamente todo, para que el Estado nos ponga el plato de alimentos en nuestra mesa cada vez que tengamos hambre, o nos solucione a todos los habitantes, nuestra necesidad de vivienda, porque en la Constitución dice que es un derecho.








