El liberalismo económico ha permitido la movilidad social y la mejora constante en la calidad de vida de las personas. En países donde no se aplica, persisten la miseria y los conflictos sociales.
Los sindicatos suelen atribuirse méritos propios por resultados del capitalismo, como la generación de empleo, la competitividad y el alza de los salarios.

Sin embargo, los frutos del capitalismo ya eran evidentes en el siglo XIX, mientras que los sindicatos surgieron en las primeras décadas del siglo XX.
Los salarios aumentaron debido a la competencia entre empresas y la acumulación de capital derivada del ánimo de lucro, es decir, mediante el incremento de la riqueza en la sociedad.
Esto no se logra por decreto ni por presión sindical, sino por las instituciones e ideas liberales.
El mito de la protección laboral
Los sindicatos han creado el mito de que son la única garantía de protección laboral. En Free to Choose, el ganador del premio Nobel de economía Milton Friedman argumenta que reducir el Estado al mínimo y desregular la economía promueve la inversión, el empleo y la competitividad.

Un trabajador está protegido cuando tiene opciones. Por ejemplo, desregular la construcción generaría más inversión y empleo para albañiles.
La mayor cantidad de OPCIONES laborales son garantía de protección laboral, como sucede en sectores con mayor formación, (como la ingeniería), donde los trabajadores tienen más opciones y salarios más altos debido a su competitividad, lo que explica la menor penetración sindical en estos ámbitos.
Para Hayek, los sindicatos benefician a unos pocos privilegiados, generalmente empleados con contratos estables, mientras excluyen a otros, como los desempleados, al impedir que los salarios se ajusten a la realidad del mercado.
Esto demuestra que su solidaridad con todos los trabajadores no es genuina.
El mito de los salarios mínimos
Los salarios mínimos obstaculizan la contratación de nuevos trabajadores y la inserción de personas al mercado laboral, excluyendo a los más vulnerables: pobres, jóvenes y menos formados.
Javier Milei ha ironizado: “Si aumentar los salarios mínimos reduce la pobreza, ¿por qué ser tacaños?.
Aumentémoslo a 10,000 USD, o mejor a 100,000 USD, ¡y así terminamos con la pobreza!”.

Friedrich Hayek postuló que una economía próspera depende de la competitividad de los precios para coordinar los esfuerzos individuales.
Los salarios mínimos distorsionan este equilibrio, impidiendo que los salarios reflejen la escasez relativa de las capacidades.
Desregular los salarios mínimos no condena a la pobreza; al contrario, elimina la informalidad y ofrece oportunidades de crecimiento personal, progreso y en muchos casos, formación.
La mayoría de las personas de clase media y alta comienzan desde abajo, algo que la retórica de izquierda nunca va a fomentar, perpetuando la idea de clases sociales inamovibles y alimentando el resentimiento y la envidia, lejos de promover el mérito y el trabajo.
Tal como dijo Ronald Reagan, “no hay mejor plan social que un trabajo”, una realidad tanto económica como psicológica.
Recientemente, el ministro socialdemócrata Oddone propuso desindexar los salarios de las decisiones del Consejo de Salarios, pero la propuesta fue rápidamente desactivada por el ministro de Trabajo y líder del partido comunista, Castillo, junto al subsecretario de Presidencia, Sánchez.
El mito de la representatividad sindical en Uruguay
Según el INE, en Uruguay hay aproximadamente 1,700,000 ocupados, de los cuales 1,200,000 son asalariados permanentes.









