Gustavo Petro celebra el pago total al FMI como Néstor Kirchner en 2005. Reemplazan deuda barata por bonos carísimos. El mismo engaño kirchnerista.
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Bogotá y Buenos Aires están separadas por miles de kilómetros, pero hoy comparten algo mucho más cercano: el mismo engaño económico disfrazado de épica política. Esta semana, Gustavo Petro celebró el pago total de la deuda con el FMI como si fuera un hito histórico. La escena remite de inmediato a 2005, cuando Néstor Kirchner hizo exactamente lo mismo en Argentina.
Veinte años después, el relato se repite. Y también sus consecuencias.
El mito de la “liberación” del FMI
Petro aseguró que Colombia deja atrás las “condiciones onerosas” del Fondo. En otras palabras: vendió la idea de una liberación financiera. Es el mismo discurso que el kirchnerismo instaló durante años en Argentina, construyendo un enemigo externo para justificar decisiones internas equivocadas.
El problema es que la épica no resiste el análisis económico.
La deuda con el FMI es, en términos relativos, barata. Se trata de financiamiento multilateral con tasas bajas —históricamente entre el 2% y el 3,5%— y plazos razonables. Cancelarla no elimina la deuda: simplemente la reemplaza.
Y eso es exactamente lo que ocurrió.
Pagar barato con deuda cara
Tanto en el caso argentino de 2005 como en la decisión reciente de Colombia, el mecanismo es el mismo: cancelar deuda barata para emitir nueva deuda más cara en los mercados.
En el caso colombiano, la Línea de Crédito Flexible tomada durante la pandemia —por unos 5.400 millones de dólares— fue saldada recurriendo a emisiones de bonos a tasas significativamente más altas, en torno al 5,5% al 6,5% o incluso superiores según las colocaciones recientes.
La ecuación es simple:
Deuda barata → cancelada
Deuda cara → emitida
Relato de soberanía → amplificado
El resultado real no es independencia financiera, sino un encarecimiento del costo de financiamiento que termina pagando el contribuyente.
El antecedente argentino: relato, deuda cara y deterioro
En 2005, Néstor Kirchner utilizó reservas del Banco Central para cancelar de un solo pago la deuda con el FMI. La medida fue presentada como el fin de la “dependencia” y un acto de soberanía económica.
Pero detrás del relato hubo otra realidad: Argentina no dejó de endeudarse. Cambió de acreedor.
Tras cerrar la puerta del FMI —que ofrecía financiamiento relativamente barato— el kirchnerismo recurrió a Venezuela como fuente de financiamiento. Entre 2005 y 2008, el país colocó bonos que fueron comprados por el gobierno de Hugo Chávez a tasas que oscilaron entre el 7,4% y el 14,8%, muy por encima del costo de los organismos multilaterales.
Incluso hubo emisiones puntuales con rendimientos superiores al 10% anual en dólares, convirtiéndose en uno de los financiamientos más caros desde el default de 2001
Colombia repite la fórmula
Lo que hoy ocurre en Colombia sigue esa misma lógica. El gobierno de Petro reemplaza financiamiento barato por deuda más costosa, mientras construye una narrativa política de soberanía.
Pero la cuenta no desaparece: cambia de forma.
Y en ese proceso, el costo del endeudamiento aumenta, reduciendo el margen fiscal futuro y trasladando el impacto a la economía real.
Una lección que la región ya conoce
El paralelismo entre Petro y el kirchnerismo no es casual. Responde a una misma matriz ideológica que privilegia el discurso por sobre la sostenibilidad económica.
La historia reciente muestra que ese camino no conduce a la soberanía, sino a más deuda, mayor costo financiero y menor previsibilidad.
Argentina ya pagó ese precio durante años. Colombia empieza a transitar una senda similar.
Y como suele ocurrir, la narrativa queda en manos de los gobiernos. La factura, en manos de la sociedad.