Una desquiciada iniciativa impulsada por legisladores demócratas en Nueva Jersey avanzó esta semana hacia una posible aprobación definitiva, generando fuertes críticas de la ciudadanía, grupos conservadores y defensores de la libertad de expresión que advierten sobre el riesgo de criminalizar actividades de protesta vinculadas al aborto y a los tratamientos de transición de género para menores.
El Comité de Asignaciones de la Asamblea estatal aprobó el lunes el proyecto de ley respaldado por la mayoría demócrata, acercándolo a una votación final en la Legislatura antes de que llegue al escritorio de la gobernadora demócrata Mikie Sherrill para su firma.
De convertirse en ley, Nueva Jersey se convertiría en el primer estado del país en tipificar explícitamente como delito la interferencia con servicios de salud reproductiva y tratamientos relacionados con la identidad de género.
La propuesta fue presentada inicialmente en 2024 y establece una nueva figura penal para quienes obstaculicen el acceso a servicios reproductivos, incluidos los abortos. Además, amplía las protecciones a menores que reciben tratamientos de transición de género, como bloqueadores de la pubertad, terapias hormonales y servicios de salud mental asociados.
La gobernadora demócrata de Nueva Jersey se encamina a firmar una nefasta ley que penaría a las personas por criticar el aborto y los tratamientos de transición sexual en menores
Los promotores del proyecto sostienen que la medida busca garantizar que pacientes y profesionales sanitarios puedan acceder y proporcionar estos tratamientos ''sin intimidación, amenazas o presiones externas''. También contempla protecciones especiales para personas que viajen a Nueva Jersey desde estados donde el aborto está restringido o prohibido.
La senadora demócrata estatal Teresa Ruiz, una de las principales impulsoras de la nefasta legislación, defendió la iniciativa argumentando que se trata de una cuestión sanitaria y no ideológica.
''Este proyecto es para proteger la atención médica. No es un debate político ni una consigna de las guerras culturales. Es atención médica'', afirmó la legisladora durante el proceso legislativo.
Los delirantes legisladores demócratas han impulsado la iniciativa como una ''defensa'' a quienes realizan estas inhumanas prácticas
Sin embargo, la propuesta ha despertado una fuerte oposición entre republicanos, organizaciones provida y grupos que cuestionan los tratamientos de transición de género en menores de edad.
Los críticos sostienen que el texto está redactado de manera tan amplia que podría utilizarse para perseguir actividades protegidas por la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense, incluyendo manifestaciones pacíficas frente a clínicas de aborto, campañas de concienciación o conversaciones informativas con pacientes.
Durante el debate legislativo, varios opositores denunciaron que la norma representa un nuevo intento de los demócratas de restringir voces disidentes bajo el argumento de proteger determinados servicios médicos.
Gregory Quinlan, fundador del grupo conservador ''Center for Garden State Families'', advirtió que activistas provida podrían enfrentarse a sanciones penales simplemente por rezar frente a centros de aborto o participar en las actividades de ''asesoramiento en las aceras'', mediante las cuales intentan convencer a mujeres embarazadas para que reconsideren su decisión.
Varios críticos de la medida han advertido que esta iniciativa podría restringir derechos fundamentales amparados por la primer enmienda de la constitución
Según los detractores de la iniciativa, la ley podría convertir a Nueva Jersey en un ''estado santuario'' para proveedores de abortos y tratamientos de transición de género, ofreciendo protección legal incluso frente a acciones judiciales iniciadas en otros estados donde esas prácticas están restringidas o prohibidas.
La propuesta también refuerza significativamente las normas de privacidad. Los hospitales, clínicas, profesionales sanitarios y funcionarios públicos tendrían prohibido divulgar información de pacientes sin consentimiento explícito. Asimismo, los proveedores quedarían protegidos frente a solicitudes de extradición provenientes de estados que hayan criminalizado determinados procedimientos reproductivos o tratamientos relacionados con la identidad de género.
Uno de los aspectos más polémicos del proyecto son las sanciones previstas. La iniciativa establece que acosar, dañar físicamente o bloquear el acceso a pacientes y profesionales podría constituir un delito de cuarto grado. Las penas se endurecerían considerablemente si las acciones provocan lesiones corporales graves.
En los casos más severos, los infractores podrían enfrentar hasta diez años de prisión y multas de hasta 150.000 dólares. Además, la legislación contempla acciones civiles que permitirían a las presuntas víctimas reclamar indemnizaciones económicas.
El estado de Nueva Jersey podría convertirse en un ''estado santuario'' para instituciones y personas que busquen protección legal
El fiscal general del estado también tendría facultades para solicitar órdenes judiciales y sanciones financieras contra personas u organizaciones acusadas de interferir con estos servicios.
Mientras los demócratas presentan la iniciativa como una herramienta necesaria para proteger el acceso a tratamientos que consideran derechos fundamentales, sus opositores advierten que el proyecto podría sentar un precedente peligroso para la libertad religiosa, la libertad de expresión y los derechos de los padres.
Con el control demócrata de ambas cámaras legislativas, las perspectivas de aprobación son elevadas. No obstante, el debate refleja la creciente polarización política en Estados Unidos en torno al aborto, la identidad de género y los límites entre la protección de servicios médicos y los derechos constitucionales de quienes se oponen a ellos.
Quienes estén en contra de actividades nefastas como el aborto y los tratamientos de cambio de género en menores podrían enfrentar sanciones económicas y hasta 10 años de cárcel