El Departamento de Justicia del gobierno de Trump está expandiendo su campaña para revocar la ciudadanía estadounidense a aquellos inmigrantes naturalizados que son acusados de ocultar vínculos con el terrorismo, delitos violentos, fraude migratorio y otras faltas graves durante su proceso de naturalización.
Esta ofensiva representa uno de los usos más agresivos de la desnaturalización en la historia moderna de los Estados Unidos, pues, históricamente, este instituto ha sido un recurso poco común. Entre 1990 y 2017, el gobierno federal presentó poco más de 300 casos de este tipo, lo que representa un promedio de aproximadamente 11 por año.
La desnaturalización es un proceso legal complejo. Los abogados del gobierno deben presentar demandas civiles o penales ante un tribunal federal y convencer a un juez de que la ciudadanía se obtuvo de manera ilegal o mediante fraude. En la visión de Trump, este mecanismo legal es necesario restablecer las consecuencias dentro de un sistema migratorio que ha sufrido abusos durante décadas.

Tolerancia cero al fraude migratorio
Se espera que el Departamento de Justicia abra casos contra aproximadamente una docena de ciudadanos estadounidenses nacidos en el extranjero, de países como Irak, Somalia, China, India, Colombia, Uzbekistán, Marruecos, Gambia, Kenia, Nigeria y Bolivia. El fiscal general en funciones, Todd Blanche, afirmó que se perseguirá a quienes se presentaron con falsedades para convertirse en estadounidenses.









