Tras el segundo título consecutivo del París Saint-Germain por penales ante el Arsenal, los agentes de la policía responden con disparos en las calles de la capital francesa.
El París Saint-Germain (PSG) alcanzó la gloria deportiva en el Puskas Arena de Budapest al consagrarse bicampeón de la Champions League tras vencer por penales al Arsenal. Sin embargo, lo que debió ser una fiesta nacional se transformó rápidamente en un escenario de guerra en las calles de París, donde los hinchas africanos del club se enfrentaron violentamente con la policía.
Este patrón de conducta destructiva se repite tras la salida del futbolista Kylian Mbappé al Real Madrid, periodo en el que el club ha logrado sus dos únicos títulos, pero que ha coincidido con un recrudecimiento de la hostilidad racial en los festejos.
La situación en la capital alcanzó niveles críticos de inseguridad, obligando al Ministerio del Interior de Francia a movilizar un contingente masivo de 8.000 policías y gendarmes y 2.500 bomberos.
Esta cifra, superior a la del año pasado —cuando la victoria ante el Inter de Milán derivó en graves saqueos a comercios y cerca de 500 detenidos—, resultó apenas suficiente para contener a una multitud que desprecia la ley francesa.
El conflicto estalló con particular fuerza en las inmediaciones del estadio Parque de los Príncipes, punto donde miles de estos individuos se congregaron para seguir el encuentro.Tras el gol del empate marcado por Ousmane Dembelé, la multitud pasó del festejo a la agresión directa, lo que obligó a que "los efectivos de seguridad arrojaran gas lacrimógeno para dispersar" a los violentos.
Los ataques no se limitaron a las personas; el vandalismo afectó bienes públicos, registrándose, entre otros daños, la destrucción total de una parada de colectivos.
Disturbios en París
Mientras en el campo de juego el PSG se imponía por 4-3 en la tanda de penales tras un empate 1-1 en los 120 minutos, en las calles de la capital la policía se veía obligada a formar escudos humanos para resistir el lanzamiento de morteros y objetos contundentes por parte de sectores que ven en la autoridad un enemigo a batir.
La jornada deja una vez más en evidencia que la integración es un mito frente a grupos que, protegidos por el anonimato de la masa, buscan destruir la capital de Francia cada vez que se les presenta la oportunidad