La policía sospecha de grupos disidentes del IRA tras un ataque contra una comisaría cerca de Belfast.
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Un atentado con coche bomba frente a una comisaría en Irlanda del Norte volvió a encender las alarmas sobre el resurgimiento de la violencia en la región. El ataque ocurrió en Dunmurry, a las afueras de Belfast, y es investigado como un intento de asesinato por parte de la policía local.
Las autoridades apuntan directamente a grupos terroristas, en particular al llamado Nuevo IRA, como principales sospechosos detrás del ataque. Según la Policía de Irlanda del Norte (PSNI), el hecho presenta similitudes claras con atentados recientes, lo que refuerza la hipótesis de una acción coordinada.
El atentado del Nuevo IRA en Belfast
El ataque se llevó a cabo mediante un vehículo previamente secuestrado, en el que se colocó un artefacto explosivo improvisado basado en un cilindro de gas. El coche fue obligado a ser conducido hasta la comisaría antes de detonar, en una metodología que recuerda a prácticas utilizadas durante décadas pasadas de conflicto.
A pesar de la gravedad del hecho, no se registraron víctimas fatales ni heridos, en gran parte gracias a la rápida evacuación de la zona por parte de la policía. Entre los evacuados había incluso menores, lo que da cuenta del riesgo que implicó el atentado.
El episodio ocurre en un contexto delicado. Aunque el Acuerdo de Viernes Santo de 1998 puso fin a gran parte de la violencia conocida como “The Troubles”, grupos disidentes continúan activos, rechazando ese acuerdo y manteniendo una estrategia de ataques esporádicos.
Las autoridades advirtieron que estos grupos aún conservan “intención y capacidad” para llevar adelante atentados, lo que genera preocupación sobre una posible escalada.
Atentado de 2019 cometido por la Nuevo IRA
El gobierno británico condenó el ataque y aseguró que los responsables serán llevados ante la justicia, mientras líderes políticos locales coincidieron en rechazar cualquier intento de volver a un pasado marcado por la violencia.
El atentado no solo representa un hecho aislado, sino una señal de que las tensiones históricas en Irlanda del Norte siguen latentes. Aunque la paz se mantiene en términos generales, este tipo de ataques demuestra que el conflicto no está completamente cerrado.
En este escenario, la prioridad de las autoridades será evitar una escalada y reforzar la seguridad, en una región donde cualquier episodio de violencia tiene un peso simbólico que trasciende lo inmediato.