Alemania protagonizó uno de los mayores giros de Europa en materia energética luego de que el gobierno diera marcha atrás con una de las políticas más emblemáticas de la agenda climática woke, aprobando la reforma su polémica ley de calefacción y eliminando la obligación de que los nuevos sistemas funcionen con al menos un 65% de energías renovables, lo que volverá a habilitar la instalación de calefacciones a gas y petróleo durante muchos más años.
La decisión representa un duro revés para el ecologismo europeo y marca un cambio histórico para el país que durante la última década se había convertido en uno de los principales impulsores de las restricciones energéticas dentro de la Unión Europea, en medio de un fuerte rechazo social contra el ecologismo extremista por el fuerte impacto económico que estas políticas provocaron sobre familias, empresas e industrias alemanas.
Alemania tuvo que reconocer los beneficios del confiable GNL.
La reforma fue impulsada por la ministra de Construcción, Verena Hubertz, del SPD, y por la ministra de Economía Katherina Reiche, de la CDU. El nuevo esquema elimina prohibiciones automáticas y adopta un modelo mucho más flexible para propietarios y empresas.
Además, el gobierno alemán eliminó directamente la prohibición total prevista para 2045 sobre las calderas alimentadas exclusivamente con combustibles fósiles. La legislación anterior establecía que esos sistemas no podrían seguir utilizándose después del 31 de diciembre de 2044, pero ese límite ahora desaparece.
Katherina Reiche, ministra de economía alemana.
El Ejecutivo defendió la reforma argumentando que permitirá reducir costos energéticos y aliviar la presión económica sobre millones de familias y empresas alemanas. Según cifras oficiales, la medida generaría un ahorro anual cercano a los 5.100 millones de euros para los ciudadanos y otros 2.300 millones para las compañías.
Reiche sostuvo que el objetivo es devolver “certeza y previsibilidad” al mercado energético y evitar las costosas obligaciones impuestas durante la etapa anterior. La imposición de bombas de calor y otros sistemas eléctricos había generado un fuerte rechazo social por sus elevados costos de instalación.
El impacto positivo para Argentina y Vaca Muerta
El presidente Javier Milei.
El cambio también tiene impacto directo sobre la Argentina. La flexibilización energética alemana fortalece la demanda futura de gas natural licuado y beneficia el acuerdo firmado entre Argentina y la empresa estatal alemana Securing Energy for Europe (SEFE), mediante el cual el país exportará alrededor de dos millones de toneladas anuales de GNL por un valor estimado de USD 7.000 millones.
En medio del crecimiento de Vaca Muerta y la expansión de la infraestructura energética argentina, el retroceso europeo en las políticas verdes más rígidas aparece como una oportunidad estratégica para consolidar al país como proveedor global de energía.
Crece el giro internacional contra la agenda verde
Greta Thunberg lo llora.
El giro alemán también llega en un contexto internacional donde el discurso verde pierde peso, incluso en la misma ONU. Días atrás, el panel climático de la ONU, el IPCC, dejó de considerar plausibles varios de los escenarios apocalípticos utilizados durante años para justificar regulaciones, impuestos verdes y restricciones energéticas.
Esos modelos extremos ahora descartados, conocidos como RCP8.5 y SSP5-8.5, proyectaban un futuro prácticamente irreal de consumo descontrolado de carbón y emisiones disparadas, y fueron utilizados durante más de una década como argumento político para acelerar la transición energética y aumentar la intervención estatal sobre la economía y la producción.