China pidió la reapertura ''lo antes posible'' del Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del comercio energético mundial, en medio de la guerra que involucra a Irán y del aumento de las tensiones con Estados Unidos. El llamado fue realizado por el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, durante una reunión en Beijing con su homólogo iraní, Abbas Araqchi.
El encuentro se produjo en un momento crítico, con el estrecho parcialmente bloqueado por operaciones militares y restricciones atribuidas tanto a Irán como a Estados Unidos. La situación ha generado preocupación internacional por el riesgo de interrupción del suministro global de petróleo, ya que por esta vía transita una parte significativa del crudo mundial.
Durante la reunión, Wang Yi subrayó que la prioridad inmediata debe ser alcanzar un alto el fuego estable y evitar una escalada mayor del conflicto. Según el canciller chino, ''reanudar las hostilidades sería aún más indeseable'' que la actual situación de tensión, por lo que insistió en la necesidad de retomar el diálogo entre las partes enfrentadas. Beijing, añadió, está dispuesto a contribuir a la des-escalada diplomática.

Sin embargo, la postura de China ha generado cuestionamientos en el plano internacional. Aunque el gobierno chino se presenta como mediador neutral, su estrecha relación económica con Irán y su fuerte dependencia del petróleo que pasa por la región han levantado dudas sobre la imparcialidad de su intervención. En 2025, China importó aproximadamente 1,38 millones de barriles diarios de petróleo iraní, lo que representa cerca del 12% de sus importaciones totales de crudo.
Esa dependencia energética ha llevado a críticos occidentales a señalar que la política exterior china en este conflicto estaría más guiada por intereses estratégicos que por una verdadera intención de mediación. En particular, su oposición a la presencia naval estadounidense en la zona ha sido interpretada como un posicionamiento alineado indirectamente con Teherán.










