La polémica se instaló nuevamente en España tras conocerse que un inmigrante de origen marroquí condenado por una violación especialmente violenta logró mantener su permiso de residencia de larga duración en el país. La resolución judicial anuló la orden de expulsión que se había dictado en su contra, pese a la gravedad de los hechos que quedaron acreditados en la causa penal. La decisión, adelantada por el diario Segre, fue adoptada por el Tribunal Superior de Justicia de La Rioja, que concluyó que no se reúnen las condiciones necesarias para expulsarlo del país. Según el fallo, en su situación actual el hombre no representa una amenaza «real, actual y suficientemente grave» para el orden público, una interpretación que ha reavivado el debate político sobre la política migratoria y la respuesta del sistema frente a delitos de violación.
El origen del caso se remonta a una sentencia dictada en 2014 por la Audiencia Provincial de Lérida, que condenó al inmigrante a siete años y medio de prisión por violación, una agresión sexual descrita en el proceso como especialmente violenta. A esa pena se sumaron otras sanciones: un año y medio de prisión adicional y una multa económica por un delito de obstrucción a la justicia. Los hechos probados revelaron un comportamiento particularmente grave incluso después de iniciada la causa judicial. Según la sentencia, tras ser imputado por la violación, el hombre intentó presionar a la víctima dentro de un centro comercial para que retirara la denuncia. En ese encuentro le ofreció dinero y también lanzó amenazas si no aceptaba desistir del proceso judicial, un intento directo de interferir con la investigación y el avance del caso.

A pesar de la condena por un delito de violación y de las maniobras para frenar la causa, el Tribunal Superior de Justicia de La Rioja valoró su situación posterior. El condenado lleva más de 19 años viviendo en España, acumula más de 15 años de vida laboral y es padre de una menor con nacionalidad española. Además, convive con su pareja —también de origen marroquí y con residencia legal— y con su hija, sin que consten conflictos familiares ni nuevos delitos tras haber cumplido su condena. Una vez finalizada su pena en octubre de 2019, el hombre se trasladó a La Rioja, donde fijó su residencia. Allí continuó su vida hasta que, en 2024, durante una identificación policial en la calle en la que vive, se inició el expediente de expulsión. Este procedimiento se abrió más de una década después de la sentencia por violación y varios años después de haber cumplido la pena de prisión.









