La estatua fue inaugurada en Jabárovsk para conmemorar la victoria soviética sobre Japón en 1945. Tokio considera “inaceptable” la representación de la destrucción del crisantemo imperial y Moscú rechaza modificarla
Una nueva disputa diplomática enfrenta a Rusia y Japón después de que Moscú inaugurara en la ciudad de Jabárovsk un monumento de 15 metros dedicado a la victoria soviética sobre el Japón militarista al final de la Segunda Guerra Mundial. La escultura representa a un soldado soviético golpeando con la culata de su fusil un mojón fronterizo que lleva grabado el crisantemo imperial japonés.
La imagen provocó una inmediata reacción de Tokio. El gobierno japonés pidió por canales diplomáticos que Rusia detuviera la instalación y retirara el monumento. El ministro de Exteriores, Toshimitsu Motegi, calificó la obra como “inaceptable” y “extremadamente lamentable” desde el punto de vista de los sentimientos nacionales japoneses.
La primera ministra Sanae Takaichi también reclamó públicamente su desmantelamiento y aseguró que Japón continuará presionando a Moscú.
La estatua rusa
El elemento que generó mayor rechazo es precisamente el crisantemo de 16 pétalos, símbolo asociado a la Casa Imperial de Japón y ampliamente reconocido como un emblema del país. En la escultura aparece representado sobre el puesto fronterizo que el soldado soviético destruye.
Moscú, sin embargo, no tiene intención de retirar la obra. Las autoridades rusas sostienen que el monumento representa un episodio histórico concreto: la ofensiva soviética contra las fuerzas japonesas en el Lejano Oriente en agosto de 1945.
La respuesta más contundente llegó de la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, quien se burló del reclamo japonés. “Todo lo que queda es exigir que el viento deje de soplar y que el sol deje de brillar”, afirmó. La diplomática agregó que la tierra rusa fue defendida por sus antepasados y que la memoria histórica del país está representada en el monumento.
La primer ministra japonesa Sanae Takaichi junto al presidente taiwanes Lai Ching-te
La disputa se produce además en un momento de fuertes tensiones entre Moscú y Tokio. Las relaciones bilaterales continúan condicionadas por el conflicto territorial sobre las islas Kuriles, que fueron ocupadas por la Unión Soviética al final de la Segunda Guerra Mundial y que Japón reclama como sus “Territorios del Norte”. Rusia y Japón todavía no han firmado un tratado de paz definitivo que cierre formalmente las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial.
El monumento, por lo tanto, no es solamente una obra conmemorativa: se convirtió en un nuevo símbolo de la disputa histórica y territorial entre Rusia y Japón, demostrando que las heridas de la Segunda Guerra Mundial continúan teniendo consecuencias en la política internacional del presente.