El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, denunció fraude electoral en las elecciones parlamentarias celebradas el martes 27 de octubre, en las que los partidos árabes israelíes registraron un crecimiento inusual y alcanzaron 19 escaños en la Knéset, frente a los 10 que reunían históricamente. En medio de las acusaciones, la Policía israelí detuvo a siete sospechosos por la compra de votos, mientras la Justicia Electoral ordenó investigar una posible injerencia extranjera.
A través de sus redes sociales, Netanyahu difundió un contundente comunicado del Likud, que aseguró que las elecciones habían sido robadas mediante presuntos mecanismos de soborno, amenazas, falsificaciones y utilización de programas informáticos prohibidos para movilizar votantes. La formación sostuvo que entregó cientos de testimonios y otros elementos a las autoridades y exigió una investigación exhaustiva.















