Un año después de que el Rancho Izaguirre, en el municipio de Teuchitlán, Jalisco, fuera identificado como un presunto centro de adiestramiento del crimen organizado, la Fiscalía General de la República (FGR) reportó avances en la investigación que revelan la dimensión del fenómeno criminal que se incubó en el lugar.
De acuerdo con información oficial, hasta ahora 47 personas han sido detenidas en el marco de la investigación, mientras que las diligencias periciales han permitido procesar 64% del terreno, donde se han localizado indicios relevantes, entre ellos fragmentos óseos, elementos balísticos y prendas de vestir.
Los hallazgos, analizados por especialistas del Centro Federal Pericial Forense y por laboratorios regionales de la propia FGR en Jalisco, forman parte de un proceso que continúa abierto, particularmente en la identificación genética de restos humanos, que hasta el momento corresponderían a una persona del sexo masculino, aunque el resultado definitivo aún está pendiente.
Más allá de las cifras oficiales, el caso del Rancho Izaguirre confirma un fenómeno que especialistas en seguridad nacional han advertido desde hace años: la consolidación de infraestructuras criminales dedicadas al entrenamiento armado, capaces de operar durante largos periodos sin ser detectadas o desmanteladas por las autoridades.











