Los hospitales en México se han convertido en campos de batalla por órdenes del crimen organizado. Sicarios fuertemente armados irrumpen en centros de salud exigiendo atención inmediata para sus compañeros heridos.
Los delincuentes entran a los hospitales y amenazan a médicos y enfermeras con represalias si no los atienden de inmediato. Esta situación se repite en entidades donde el narcotráfico controla vastas regiones.
En estados como Guerrero, Jalisco y Michoacán, esta práctica se ha vuelto cada vez más común. El personal médico vive bajo terror constante, pues negarse a atenderlos puede costarles la vida.
Incluso han obligado a médicos a realizar cirugías sin los insumos adecuados, solo para mantener con vida a los delincuentes.













