Hay un momento en que las sociedades dejan de disfrazar sus preferencias con buenas intenciones y empiezan a revelar qué valoran realmente. Ese momento llega cuando los recursos se agotan y alguien decide, por fin, poner un precio a lo que antes se entregaba sin límite. Entonces aparecen los números. Y los números, a diferencia de los discursos, no mienten.
En febrero de 2024 Salta se convirtió en la primera provincia argentina en arancelar la atención médica a extranjeros no residentes. La medida era simple: se cobra, excepto en emergencias. El resultado, un año y medio después, es elocuente. En el Hospital San Vicente de Paul de Orán los partos de mujeres bolivianas cayeron cerca del 95%. De entre treinta y cincuenta por mes a apenas tres o cuatro, casi siempre por urgencia real. La misma tendencia se repitió en otros hospitales de frontera. La demanda se desplomó. Las camas se liberaron. Los turnos se acortaron. Los salteños volvieron a ser prioritarios en su propio sistema.











