Cuando un centro político se niega a elegir, siempre termina eligiendo otro en su lugar. Francia ofrece, ahora mismo, la ilustración más clara de ello. Desde que Emmanuel Macron disolvió la Asamblea Nacional en junio de 2024, el país ha tenido tres primeros ministros (Michel Barnier ; François Bayrou, y Sébastien Lecornu, dos veces), algo improbable para este país estable.
La Asamblea resultante cuenta con once grupos políticos distintos, un récord bajo la Quinta República, sin que ninguno se acerque a los 289 escaños necesarios para gobernar en solitario. Esta fragmentación es consecuencia directa de la debilidad de Emmanuel Macron y de sus políticas poco firmes, lo que hace que el país sea ingobernable.
El burro de Buridán
La filosofía medieval tiene un nombre para esta parálisis: el burro de Buridán. El animal, colocado a igual distancia de dos fardos de heno idénticos, muere de hambre por no haber elegido a cuál de los dos dirigirse.
Por su parte, Max Weber, en El político y el científico (1919), distinguía la ética de la convicción, que juzga una acción por la pureza de su intención, de la ética de la responsabilidad, que la juzga por sus consecuencias asumidas.
El famoso «en même temps» que significa al mismo tiempo, (o en este caso, la capacidad que tiene nuestro Presidente Emmanuel Macron, para elegir sin elegir) no pertenece ni a la ética de la convicción. ni a la ética de la responsabilidad, porque toma prestado el vocabulario de la responsabilidad sin consentir jamás la elección que lo comprometería.
La reforma de las pensiones de 2023, ni plenamente asumida ni jamás derogada, sigue siendo su ilustración perfecta. El resultado no es un compromiso; es una ausencia, y ese vacío tiene un precio electoral: según IFOP(Institut français d'opinion publique), a comienzos de julio de 2026, Marine Le Pen (derecha) alcanza el 36% de intención de voto para 2027, frente al 19% del centrista Édouard Philippe y el 15% de Jean-Luc Mélenchon (extrema izquierda), su mejor resultado jamás medido.
Cuando un político no es capaz de elegir y tomar decisiones (que es su objetivo principal), allana el camino a los extremos, que, por su parte, se muestran tajantes en cada aspecto en los que haya que ser resolutivos.
Negarse a elegir no preserva nada; simplemente no hace más que agravar el problema y vacía el espacio que alguien más, antes o después, termine por ocupar. El burro de Buridán no evita el hambre por negarse a elegir entre los dos fardos: muere de todos modos, creyendo haber ganado tiempo.