Por Walter E. Block
Los seguidores de Javier Milei, entre los que me incluyo, están encantados de que el New York Times haya publicado un artículo sobre él. En general, es bastante preciso. Es cierto que defiende el capitalismo desregulado, los derechos de propiedad privada, el afán de lucro y todo lo demás que conlleva la filosofía del libre mercado. Y, sí, también ha combatido la inflación argentina hasta casi derrotarla. También es cierto que, en el pasado, fue ignorado. Esto se afirma con bastante precisión: “… en 2019, … Milei era un economista libertario poco conocido y una celebridad mediática, que gritaba desde los márgenes de una clase política que no lo tomaba en serio. Desde entonces, ha sorprendido al mundo con un ascenso meteórico a la presidencia”. Nunca se han dicho palabras más ciertas que estas. Tampoco se puede negar, como afirma correctamente Emma Bubola, que el ganador del Premio Nobel de Economía, Friedrich Hayek, es una de las estrellas más brillantes de su firmamento. Ludwig von Mises también.
Sin embargo, hay algunos aspectos en los que la autora malinterpreta al presidente Milei y su perspectiva libertaria. Por ejemplo, afirma que:
“Una nación donde la gente se resiste a comer sola o a beber una taza de mate, la infusión nacional, sin compartirla con la persona de al lado, está abrazando a un líder cuyo mensaje fundamental es que cada persona debe valerse por sí misma.” Y entonces Bubola ofrece esta cita, sin dudarlo: “Milei intenta destruir la esencia de Argentina y la identidad comunitaria del pueblo,” palabras de Juan Grabois, legislador de la oposición a Milei.
Estas son tonterías. Aunque uno busque por todos los rincones del libertarismo, la filosofía del Sr. Milei, jamás encontrará ni una pizca de oposición al compartir, a participar en actividades comunitarias voluntarias, ni al rechazo de “velar” por los demás además de por uno mismo. ¿Acaso el presidente de Argentina se opone a que los padres alimenten a sus hijos pequeños? No. ¿Rechaza iniciativas cooperativas como ligas de fútbol amateur o clubes de ajedrez? Por supuesto que no. ¿Está en contra de la buena vecindad? Si alguien cree algo de esto, debería entonces suscribirse a la prensa oficialista del sistema, porque ese es el rincón en el que están tratando de meterlo.








