Esta situación cobra particular relevancia ante el contexto internacional, por demás delicado tras el fraude electoral sucedido en Venezuela, que prolongó la dictadura de Nicolás Maduro hasta el 2031, y pone en jaque a toda la región en términos de seguridad y defensa.
Las elecciones en Venezuela no fueron más que un mecanismo de distracción para esconder lo que verdaderamente importa: la necesidad que tiene el eje Rusia-China-Irán de ejercer el control del Mar Caribe para adueñarse del monopolio del comercio entre los océanos Atlántico y Pacífico.
Sin ir más lejos, Rusia brinda entrenamiento militar y armamento especial a Venezuela, como bombas inteligentes, drones armados de largo alcance, cohetes y misiles crucero y lanchas rápidas para asaltos anfibios, entre otros. Por eso, Maduro está más que preparado para encabezar operaciones asimétricas -más conocidas como guerra de guerrillas- y concretar en el corto plazo sus intenciones de una ofensiva militar contra Guyana con el objetivo de obtener ventajas logísticas en el transporte de armamento, tropas y otras “mercancías”.













