La provincia de Buenos Aires se habría visto sacudida por la muerte de Carlos Alberto “Indio” Solari, quien habría fallecido a los 77 años a causa de un accidente cerebrovascular (ACV). Ante este evento de magnitud histórica, que habría convocado a más de un millón de personas en el Microestadio Gatica de Villa Domínico, el nefasto gobierno de Axel Kicillof habría buscado capitalizar la mística popular. Sin embargo, detrás de las cámaras, se escondería una realidad que los propios efectivos denunciarían como negligencia inaceptable y una vergüenza institucional.
Según trascendería a través de denuncias de los propios uniformados y sus familias, el operativo que habría desplegado a 1.500 agentes de la Policía Bonaerense habría fallado estrepitosamente en su logística básica. Los efectivos de la Fuerza Barrial de Aproximación (FBA) y los bomberos habrían permanecido, según se informaría, más de 30 horas continuas sin dormir y sin recibir relevos, bajo una lluvia persistente y temperaturas extremas.

Las condiciones laborales se describirían como “infrahumanas” por los siguientes motivos que se denuncian:
Se habrían entregado raciones consistentes en apenas “un sándwich para repartir entre tres efectivos”.
Los servidores públicos carecerían de acceso a baños y estarían “virtualmente tirados” en la vía pública.
Ante la supuesta falta de suministros de agua y comida por parte del Estado, los agentes se habrían visto obligados a comprar alimentos con dinero propio.
Esta crisis operativa pondría el foco sobre la figura de Axel Kicillof y su ministro de Seguridad, Javier Alonso, quienes habrían diseñado un operativo que algunos sectores calificarían como un “cerrojo táctico” desalmado. Las críticas apuntarían a la matriz cultural del gobernador, señalando que su formación en Londres y su origen en colegios elitistas lo habrían distanciado del padecer popular, ejecutando una gestión que no tendría nada que envidiarle al ajuste que el propio kirchnerismo critica.









