La degradación moral de nuestra sociedad ha alcanzado un nuevo abismo en la localidad bonaerense de Villa Ballester. En la Clínica Santa María, lo que se presentaba como un centro de salud resultó ser un depósito de muerte donde las autoridades, tras rastrear a una niña de 12 años trasladada 1.100 kilómetros desde Santiago del Estero, se toparon con una escena de sevicia indescriptible. La inspección del depósito de residuos reveló la presencia de ocho fetos humanos distribuidos en bolsas de consorcio, tres de los cuales presentaban "claras señales de desmembramiento". Este hallazgo, sumado a documentación manuscrita que sugiere una "habitualidad de estas prácticas", ha activado investigaciones por trata de personas y sustracción de menores en el Juzgado Federal de Tres de Febrero.
Sin embargo, el horror físico de las bolsas de residuos encuentra su correlato en el horror ético de quienes, desde los medios de comunicación, blindaron ideológicamente estas prácticas. La periodista Débora Plager, referente de la militancia feminista, ha quedado expuesta en una contradicción que roza lo perverso. Al enfrentarse a la noticia de un aborto realizado a las 32 semanas —ocho meses de gestación—, Plager estalló en cámara con declaraciones que hoy se vuelven en su contra: "Mire fiscal, eso no es ni legal ni posible a los 8 meses de embarazo, es un asesinato".
La periodista, visiblemente alterada por la contundencia de los hechos, no dudó en calificar el acto con una dureza que su propia ideología suele evitar: "¿Qué de qué aborto me habla? Discúlpeme, no cabe... un bebé de término, ¿no? No es un aborto".
A pesar de que ella misma reconoció con soberbia su rol político —"Yo fui una de las periodistas que fue a hablar al Congreso para que se promueva la ley de interrupción del embarazo y hace décadas que desde mi lugar en los medios de comunicación he peleado para que la interrupción del embarazo sea legal en la Argentina"—, la realidad de los bebés masacrados en Villa Ballester la obligó a admitir que, a los ocho meses, el término médico es una máscara: "A los 8 meses es un asesinato, no hay una interrupción del embarazo, sino es un eufemismo. Lo disfrazamos todos... A los 8 meses es un crimen".










