La Asociación Argentina de Actores y Actrices lanzó una campaña pidiendo regular el uso de la inteligencia artificial. Con caras conocidas como Ricardo Darín, Gustavo Garzón, Diego Gentile y Marina Bellati, repiten el mantra de siempre: “Mi imagen es mía”, “regulemos la IA”, “protejan nuestro trabajo”. Suena noble. Pero en la práctica, es otro intento de usar al Estado para ponerle cepo al futuro, anteponiendo miedos disfrazados de protección.
Argentina ya sabe demasiado bien lo que significan las “regulaciones para proteger” ciertos sectores. Décadas de controles, trabas, autorizaciones y “leyes protectoras” nos dejaron con una de las economías más asfixiadas del planeta: inflación crónica, fuga de talentos, industrias que se mueren de regulitis y jóvenes que se van porque acá es más fácil que te prohíban innovar que te dejen intentarlo. Ahora quieren repetir la receta con la tecnología más disruptiva del siglo.
En el video comienza con la frase: "Hola, sabés quién soy yo, ¿no? ¿Pero estás seguro de que soy yo?", expresó el protagonista de El Eternauta.
"Con el avance de la inteligencia artificial alguien podría haber utilizado mi imagen y vos estarías siendo engañado", continuó Garzón. "Mi imagen es mía, nadie puede usarla sin mi permiso", añadió Gentile.
Y Bellati aportó: "Mi imagen, mis expresiones y mi voz son mis herramientas como actriz, solo yo puedo decidir cómo se usan. En todo el mundo se están creando leyes o convenios colectivos para proteger nuestro trabajo".
"Vos tenés derecho a saber si un actor es real o no, si hizo esas acciones o si dijo esas palabras. El avance de la tecnología no puede justificar el robo o el engaño", manifestó Ricardo Darín.
"Regulemos el uso de la inteligencia artificial", concluyó el artista. De esta manera, frente al avance de la IA en el mundo, la Asociación Argentina de Actores y Actrices pidió tomar medidas para proteger el trabajo del sector audiovisual.
La IA no roba, multiplica
Sí, la inteligencia artificial permite crear imágenes, voces y videos sintéticos. Eso genera desafíos éticos y de derechos de imagen, que se resuelven con leyes generales de propiedad intelectual, contratos y transparencia, no con una nueva burocracia estatal dedicada a “regular la IA”.
Pedir regulaciones específicas para IA en un país que todavía no resuelve lo básico (inseguridad, inflación, impuestos confiscatorios) es poner el carro delante del caballo. Mientras los actores argentinos piden más Estado, en el resto del mundo empresas y creadores están usando IA para bajar costos de producción, generar efectos especiales imposibles antes, doblajes automáticos, restauración de material antiguo y nuevas formas de contar historias. La IA no reemplaza al talento: lo potencia y lo democratiza. Cualquiera con una buena idea y una computadora puede crear hoy lo que antes requería millones de dólares y un estudio grande.
Los que más gritan “¡regulen!” suelen ser los que ya tienen nombre, contactos y posición en la industria. Los que recién empiezan o los que nunca tuvieron acceso al sistema, ven en la IA una herramienta de liberación. ¿Por qué debería el Estado decidir qué herramientas puede usar un creador independiente?