Con el aumento constante de lanzamientos espaciales y misiones cada vez más ambiciosas, surge la necesidad de encontrar soluciones innovadoras para proveer energía a las naves más allá de la Tierra. El combustible tradicional tiene límites claros y, una vez agotado, complica las operaciones. Ante esto, Star Catcher propone una alternativa revolucionaria: construir la primera red eléctrica en el espacio.
La compañía acaba de cerrar una ronda de financiación Serie A por 65 millones de dólares, que sumados a lo que ya tenía disponible alcanzan un total de 88 millones. Con este respaldo, planean realizar su primer lanzamiento antes de que termine el año.
En lugar de enviar energía solar a la Tierra, como intentan otras iniciativas, Star Catcher capturará la energía del Sol directamente en órbita y la transmitirá a satélites y naves que la necesiten. Esto evita problemas como la contaminación lumínica que generan los sistemas de espejos terrestres.
El sistema de transmisión láser
El proyecto se basa en el beaming óptico, un método que convierte la energía solar en un láser multiespectral. Este láser se redirigirá desde una constelación de satélites en órbita terrestre baja hacia las naves que requieran recarga. La empresa apunta a desplegar unos 200 satélites para crear esta red de distribución.

En 2025, Star Catcher ya había logrado un récord mundial al transmitir 1,1 kW de potencia de forma inalámbrica hasta el Centro Espacial Kennedy de la NASA. Ahora buscan dar el siguiente paso y realizar estas transmisiones directamente en el espacio.
Esta tecnología podría resolver uno de los grandes cuellos de botella de la exploración espacial: la autonomía energética. Sin necesidad de llevar tanto combustible, las misiones podrían extender su duración y llegar más lejos.
Los desafíos y riesgos del proyecto
A pesar de sus ventajas, el plan no está exento de críticas. Desplegar cientos de satélites en órbita baja aumenta el riesgo de generar más basura espacial. Expertos advierten sobre la posibilidad de un síndrome de Kessler, donde colisiones en cadena podrían llenar de fragmentos ciertas órbitas y poner en peligro otras infraestructuras como la estación espacial o constelaciones existentes.
Además, los propios lanzamientos necesarios para colocar esta red generan contaminación en las capas altas de la atmósfera, según diversos estudios recientes. Las sustancias liberadas por los cohetes permanecen por más tiempo de lo habitual en esas altitudes.
Star Catcher deberá avanzar con cuidado para equilibrar los beneficios de esta red energética con la sostenibilidad del entorno orbital. El proyecto representa un avance importante en la infraestructura espacial, pero exige responsabilidad para evitar problemas mayores.
Si se concreta, esta red láser podría cambiar la forma en que operan los satélites y misiones futuras, permitiendo operaciones más prolongadas y eficientes sin depender exclusivamente de paneles solares limitados o reabastecimientos tradicionales.
La iniciativa se suma a otras propuestas como el reabastecimiento en órbita o el uso de energía nuclear, pero apuesta fuerte por la energía solar transmitida de manera inalámbrica como solución escalable.