El juicio contra Lindsay Clancy, la mujer de 36 años acusada de matar a sus tres hijos pequeños en Duxbury, Massachusetts, Estados Unidos, llegó a una instancia decisiva. El miércoles 26 de agosto concluyó la presentación de testimonios y el caso quedó encaminado hacia los alegatos finales y la posterior deliberación del jurado.
Clancy está acusada de haber estrangulado a Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de apenas 8 meses, el 24 de enero de 2023. La mujer se declaró inocente por falta de responsabilidad penal y su defensa sostiene que, cuando ocurrieron los hechos, atravesaba una psicosis posparto que habría afectado su capacidad para comprender y controlar sus acciones.
La fiscalía presenta una hipótesis diferente: sostiene que la mujer planificó los asesinatos, mantuvo el control sobre sus actos y comprendía que aquello que estaba haciendo estaba mal.

En el centro de esa discusión quedó una de las explicaciones brindadas por Clancy sobre lo ocurrido. Según afirmó, una voz en su cabeza le habría ordenado matar a sus hijos. Sin embargo, el psiquiatra forense Gregory Saathoff, de la Universidad de Virginia y psiquiatra sénior de la Unidad de Análisis del Comportamiento del FBI, cuestionó esa versión durante su declaración como testigo de refutación de la fiscalía.
Durante su exposición, Saathoff se concentró en reconstruir qué indicaciones concretas habría recibido Clancy de la supuesta voz que describió.
La fiscal Jennifer Sprague le preguntó al especialista si, según el relato de la acusada, esa voz le había indicado dónde debía matar a los chicos, cómo tenía que hacerlo, qué debía utilizar o en qué orden actuar. La respuesta fue negativa en todos los casos.
Para el especialista, la ausencia de instrucciones específicas contrastaba con la cantidad de decisiones que Clancy habría tomado durante el período en el que permaneció sola con sus hijos.










