El ministro puede argumentar que la pobreza oficial entre mayores de 65 años es baja (alrededor del 6% según el INE). Pero esa cifra se construye con una línea de pobreza que, en la práctica, ignora la realidad diaria de quien ya no genera ingresos extras. Cuando el 95% de los adultos mayores depende exclusivamente del Estado para subsistir, y cuando más de 140.000 cobran el mínimo que coincide con la línea de pobreza, hablar de “casi no hay pobres” es un ejercicio de retórica, no de estadística.Y aquí viene el nudo del problema. Un sistema que concentra en el Estado el ahorro jubilatorio de toda una vida genera dependencia, no seguridad. Cuando el Estado decide cuánto se puede ahorrar, cuánto se puede invertir y cuánto se puede cobrar al final, elimina la posibilidad de que cada persona construya su propio colchón con decisiones libres. El resultado es previsible: montos que se ajustan por índices salariales (5,97% en 2026, por ejemplo), pero que nunca logran despegar de la subsistencia porque el aparato estatal gasta más de lo que recauda y termina financiando con impuestos y deuda.Mientras tanto, la población envejece a toda velocidad. Los mayores de 65 años ya son más de 550.000 y en pocas décadas serán casi un millón.
El país que hoy celebra “baja pobreza infantil” (aunque sigue siendo alta) le está pasando la cuenta a la generación que construyó todo. Y lo hace con un sistema que promete dignidad pero entrega supervivencia.Miren los números otra vez y saquen sus propias conclusiones. 140.000 personas cobrando hasta la línea de pobreza. 227.000 pensionistas por debajo. Cientos de miles más viviendo con un colchón tan delgado que cualquier imprevisto los hunde. Eso no es “casi no hay pobres”. Eso es un sistema que, después de décadas de promesas estatales, sigue dejando a miles de uruguayos con la jubilación justa para llegar a fin de mes.Oddone puede seguir repitiendo la frase en foros y conferencias. Los datos, implacables, siguen diciendo otra cosa. Y los jubilados que abren la billetera cada primero de mes lo saben mejor que nadie.