La Cámara de la Construcción, presidida por Alejandro Ruibal, avanza hacia un preacuerdo con el SUNCA que reduce paulatinamente la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales sin pérdida salarial, con contrapartidas y cierta flexibilidad, en un convenio de varios años. Se presenta como un avance equilibrado. En la práctica es un encarecimiento artificial del trabajo que distorsiona el sector, beneficia de forma desigual a las grandes empresas con contratos estatales y termina pagándose en el precio de la vivienda, con especial dureza sobre los hogares de menores ingresos.
El mecanismo de costos
Reducir horas manteniendo el mismo salario eleva el costo horario de la mano de obra cerca de un 9 %. En la construcción uruguaya la mano de obra y las cargas sociales representan entre el 45 % y el 54 % de los costos totales. Ese incremento no se diluye: se traslada a los costos de producción. La evidencia internacional más cercana —un estudio de la Asociación Brasileña de Incorporadoras (Abrainc) y la consultora Ecconit que analizó exactamente el mismo cambio de 44 a 40 horas— estima un aumento del 10 % en el costo total de los proyectos y del 5,5 % en el precio de venta de las viviendas nuevas. En un horizonte de diez años, una vez consolidada la jornada reducida y sumando demoras de obra, menor oferta y posibles rigideces, el impacto adicional puede situarse entre el 5 % y el 10 % respecto del escenario sin el acuerdo.
No es un número menor. Sobre una vivienda de 150.000 dólares representa entre 8.000 y 15.000 dólares extras. Y es un piso permanente: no desaparece con el tiempo.











