Recientemente se conocieron las afirmaciones de la ministra de salud, quien sostuvo que “El mercado no puede ser el que regule”, diciendo que “se podría pensar en topear salarios” de los médicos. Todo ello en el contexto de querer mejorar el funcionamiento del fallido y mal concebido S.N.I.S. (que nunca debió existir).
Estas afirmaciones constituyen un disparate mayúsculo, que revela la ignorancia en temas básicos, acerca de cómo funciona el sistema de precios. Primeramente, debe decirse que el salario es uno de los tantos precios de la economía. El sistema de precios libre, no intervenido, es el que permite la más eficiente asignación de los siempre escasos recursos, para un mejor aprovechamiento de los mismos.
¿Pero qué sucede cuando la política interviene? Se genera una distorsión en el sistema de precios, el cual ahora, a partir de la intervención política, se ve artificialmente alterado, ya no de acuerdo a las valoraciones de la gente, sino a las preferencias del burócrata de turno.
El control de precios que propone la ministra al topear salarios de los médicos, de instrumentarse, está condenado al fracaso, inexorable e irremediablemente.
Los precios en el mercado cumplen una función de limpieza: regulan los desfasajes entre la oferta y la demanda. El precio de ajuste es el que finalmente logra equilibrar la situación. Cuando el Estado fija precios máximos, como en este caso, se prohíbe vender por encima del tope fijado, generando distorsiones e incentivando mercados negros.
El precio máximo artificialmente fijado por los políticos suele estar por debajo del precio de mercado. Esto genera escasez: la demanda persiste, pero la producción se desincentiva. Como consecuencia, no hay estímulos para producir y la gente termina enfrentando desabastecimiento y sobreprecios en mercados paralelos.








