Al parecer hay un pacto de la casta política para proteger al presidente Orsi, tras el escándalo de la Hyundai de alta gama.
Nuevo
Agregar La Derecha Diario en
Compartir:
Graciela Bianchi confesó entre líneas que la oposición pretende sostener al gobierno de Orsi a pesar de los hechos de corrupción
Si hubo pacto formal, conversaciones o contactos entre el Frente Amplio y la oposición para cerrar la crisis de la camioneta y sostener a Orsi, como sugirió el senador Daniel Caggiani, no fue ni siquiera necesario. La senadora Graciela Bianchi lo confirmó sin filtro en La Fórmula Stream: “No sé si no pasó por la cabeza de Orsi renunciar. Nosotros queremos sostener al gobierno”.
Con esa frase lo dijo todo. Toda la oposición —Partido Nacional, Partido Colorado, Cabildo Abierto y el resto— debería estar exigiendo la renuncia inmediata de Yamandú Orsi. No por capricho ni por “politiquería”. Porque un presidente que, días antes de asumir, recibe un descuento de 25 mil dólares en una camioneta de alta gama, utiliza como parte de pago un vehículo donado a su campaña electoral y luego intenta cerrar el tema con disculpas y donaciones, ya no tiene autoridad moral para seguir al frente del país. Eso es lo que más le conviene a Uruguay: instituciones fuertes, cero tolerancia a las zonas grises y presidentes que den el ejemplo. Lo saben. Lo saben perfectamente. Pero nadie se anima.
La historia completa, reconstruida por los medios uruguayos, es mucho más grave de lo que la oposición quiere reconocer.
Todo empezó a fines de mayo de 2026 cuando el programa Así nos va de Radio Carve reveló inconsistencias en la declaración jurada de Orsi ante la Junta de Transparencia y Ética Pública (JUTEP). En febrero de 2025, apenas ocho días antes de la asunción, Orsi compró una Hyundai Santa Fe híbrida 2024. La factura decía US$ 54.000. El precio de lista era de US$ 78.990. Un descuento de 25 mil dólares que ningún ciudadano común recibe.
Orsi respondió con un video en el que pidió disculpas “si mi proceder ofendió”, aseguró que actuó con transparencia, que fue una compra personal antes de asumir y que se trató de una “gentileza comercial” de la Automotora Oliva. Dijo que no usó fondos públicos y que nunca pensó que pudiera haber un reproche ético.
Pero la historia no cerró ahí. El semanario Búsqueda tiró la bomba más importante: Orsi había ocultado información clave en su video. No entregó solo su camioneta personal de 2020 (tasada en US$ 22.000). Entregó dos vehículos más una transferencia personal de US$ 15.000. El segundo auto fue un Renault Stepway cero kilómetro que la automotora Car One donó en octubre de 2024 a la campaña de Orsi para rifarlo y recaudar fondos. Era la única donación en especie declarada ante la Corte Electoral. Se vendieron 392 bonos de US$ 200 y se recaudaron casi US$ 78.400. El sorteo salió un número no vendido, así que nadie ganó el auto. El vehículo quedó en poder de Orsi.
Según la información que Búsqueda obtuvo de fuentes de Presidencia y que confirmaron luego El País, El Observador y La Diaria, Orsi usó ese Renault donado a la campaña como parte de pago de su nueva camioneta personal. Más tarde Orsi aseguró que devolvió superávit de campaña al Frente Amplio (incluso el costo de ese vehículo) y mostró documentos a un grupo reducido de periodistas.
Días después, Orsi anunció que donaría la polémica Hyundai Santa Fe a la ANEP para transportar niños en el interior. Presentó la donación como cierre definitivo del tema. La JUTEP anunció que analizaría el caso.
La oposición criticó. Algunos pidieron informes. Sebastián da Silva cuestionó la donación a la ANEP como “una inutilidad”. Felipe Schipani (Colorado) presentó pedidos de informes. Pero nadie exigió la renuncia.
Anuncio publicitario
Nadie dijo lo que corresponde decir cuando un presidente-elect recibe un beneficio económico significativo justo antes de asumir el máximo cargo del Estado y luego usa un bien de campaña en su operación personal.
Bianchi fue la más sincera: prefieren “sostener al gobierno”. Caggiani acusó a la oposición de “dar manija” y de cruzar “límites de lo permitido, lo acordado y lo convenido”. La propia oposición le dio la razón con su silencio.
Con esto queda claro que la oposición es exactamente igual que Orsi. Actúan como si los principios éticos y la transparencia solo importaran cuando están en la vereda de enfrente. Prefieren la comodidad de criticar suave antes que exigir cuentas reales.
Y con esta postura podemos asumir, sin margen de error, que pretenden actuar exactamente igual si llegan al gobierno: tolerar las zonas grises, usar lo que tengan a mano (incluido lo de campaña), cerrar temas con donaciones o explicaciones a medida y, sobre todo, no pedirle la renuncia a nadie de su lado aunque las evidencias sean abrumadoras.
Saben que exigir la renuncia sería lo correcto. Saben que fortalecería las instituciones. Saben que daría un mensaje claro de que ciertos comportamientos no se toleran aunque sean del propio bando o del bando contrario. Saben que es lo que más le sirve al país.
Pero son cagones y tibios. Prefieren la comodidad de criticar suave, pedir informes y “sostener la gobernabilidad” antes que pagar el costo político de ser duros. Prefieren no quedar como “los que tumbaron a un presidente”. Prefieren la oposición light que no incomoda de verdad.
Uruguay no necesita más de esto. Necesita una oposición que cumpla su rol sin miedo. Mientras sigan eligiendo la cobardía por encima del coraje, seguirán siendo lo que son: una falsa oposición que, en el fondo, le hace el juego al oficialismo aunque finjan lo contrario. Y que, si llega al poder, hará exactamente lo mismo que critica hoy.