El gobierno de Austria anunció la expulsión de tres diplomáticos rusos acusados de espionaje, en una medida que refleja el creciente nivel de desconfianza entre países europeos y Moscú en el actual contexto internacional.
Según informaron las autoridades, los funcionarios habrían realizado actividades incompatibles con su estatus diplomático, lo que motivó la decisión de declararles “persona non grata” y exigir su salida del país. La medida se tomó tras una investigación interna que detectó presuntas operaciones de inteligencia encubiertas.
El Ministerio de Relaciones Exteriores austríaco evitó dar detalles específicos sobre las actividades atribuidas a los diplomáticos, aunque remarcó que la decisión responde a la necesidad de proteger la seguridad nacional y el orden institucional.

La expulsión se inscribe en un patrón más amplio observado en Europa en los últimos años, donde varios países han adoptado medidas similares frente a sospechas de espionaje vinculadas a representaciones diplomáticas rusas. Estas acciones suelen generar respuestas recíprocas por parte de Moscú, lo que contribuye a un clima de tensión sostenida.
Austria, tradicionalmente considerada un país con una política exterior más neutral, da así una señal clara de endurecimiento en su postura frente a este tipo de actividades. El movimiento también refleja una mayor coordinación con otros países europeos en materia de seguridad.









